Salmos 103
1 Salmo del mismo David.
2 Alma mía, bendice al Señor. Señor Dios mío, tú te has engrandecido mucho en gran manera. Revestido te has de gloria y de majestad;
3 cubierto estás de luz, como de un ropaje. Extendiste los cielos como un pabellón,
4 y cubriste de aguas la parte superior de ellos. Tú haces de las nubes tu carroza: corres sobre las alas de los vientos.
5 Haces que tus ángeles sean veloces como los vientos y tus ministros activos como fuego abrasador.
6 Cimentaste la tierra sobre sus propias bases: no se desnivelará jamás.
7 Hallábase cubierta, como de una capa, de inmensas aguas; y sobrepujaban éstas los montes.
8 A tu amenaza echaron a huir, amedrentadas del estampido de su trueno.
9 Álzanse como montes, y abájanse como valles, en el lugar que les estableciste.
10 Fijásteles un término, que no traspasarán: no volverán ellas a cubrir la tierra.
11 Tú haces brotar las fuentes en los valles, y que filtren las aguas por en medio de los montes.
12 Con eso beberán todas las bestias del campo: a ellas correrán, acosados de la sed, los asnos monteses.
13 Junto a ellas habitarán las aves del cielo: entre las peñas harán sentir sus gorjeos.
14 Tú riegas los montes con las aguas que envías de lo alto: colmas la tierra de frutos que tú haces nacer.
15 Tú produces el heno para las bestias, y la yerba que da grano para el servicio de los hombres; tú haces salir pan de la tierra,
16 y el vino que recrea el corazón del hombre, y el aceite con que unge su rostro, y el pan que robustece su corazón.
17 Llenarse han de jugo los árboles del campo y los cedros del Líbano que él plantó.
18 Allí harán las aves sus nidos, a las cuales servirá de guía la casa o nido de la cigüeña.
19 Los altos montes sirven de asilo a los ciervos; los peñascos de madriguera a los erizos.
20 El Señor crió la luna para regla de los tiempos. El sol observa puntualmente su ocaso.
21 Tú ordenaste las tinieblas, y quedó hecha la noche: en ella transitará toda fiera del bosque.
22 Rugen en busca de presa los cachorros de los leones, y claman a Dios por el alimento.
23 Mas así que el sol apunta, ret'íranse todos en tropel, y van a meterse en sus guaridas.
24 Sale entonces el hombre a su ocupación y a su trabajo hasta la noche.
25 ¡Oh Señor, y cuan grandiosas son todas tus obras! Todo lo has hecho sabiamente: llena está la tierra de tus riquezas.
26 Tuyo es este mar tan grande y de tan anchurosos senos: en él, peces sin cuento; animales chicos y grandes.
27 Por él transitan las naves. Ese dragón o monstruo que formaste, para que retozara entre sus olas;
28 todos los animales esperan de ti que les des a su tiempo el alimento.
29 Tú se lo das y acuden ellos a recogerle: en abriendo tú la mano, todos se hartarán de bienes.
30 Mas si tú apartas tu rostro túrbanse: les quitas el espíritu, dejan de ser y vuelven a parar en el polvo de que salieron.
31 Enviarás tu espíritu, y serán criados, y renovarás la faz de la tierra.
32 Sea para siempre celebrada la gloria del Señor. Complacerse ha el Señor en sus criaturas;
33 aquel Señor que hace estremecer la tierra con sola una mirada, y que si toca los montes humean.
34 Yo cantaré toda mi vida las alabanzas del Señor: entonaré himnos a mi Dios mientras yo viviere.
35 Séanle aceptas mis palabras: en cuanto a mí, todas mis delicias las tengo en el Señor.
36 Desaparezcan de la tierra los pecadores y los inicuos, de suerte que no quede ninguno. Tú, oh alma mía, bendice al Señor.