Salmos 101
1 Oración del desgraciado que, hallándose atribulado, derrama en la presencia del Señor sus plegarias.
2 2, Escucha, ¡oh Señor!, benignamente mis ruegos, y lleguen hasta ti mis clamores.
3 No apartes de mí tu rostro; en cualquier ocasión en que me halle atribulado, dígnate oírme. Acude luego a mí siempre que te invocare;
4 porque como humo han desaparecido mis días, y áridos están mis huesos como leña seca.
5 Estoy marchito como el heno, árido está mi corazón; pues hasta de comer mi pan me he olvidado.
6 De puro gritar y gemir me he quedado con sola la piel pegada a los huesos.
7 Me he vuelto semejante al pelícano, que habita en la soledad; parézcome al buho en su triste albergue.
8 Paso insomnes las noches, y vivo cual pájaro que se está solitario sobre los tejados.
9 Zahiérenme todo el día mis enemigos, y aquellos que me alababan se han conjurado contra mí.
10 Porque el alimento que tomo va mezclado con la ceniza; y mis lágrimas se mezclan con mi bebida,
11 l1 a la vista de tu ira e indignación; pues me levantaste en alto para estrellarme.
12 Como sombra han pasado mis días, y heme secado como el heno.
13 Pero tú, Señor, permaneces para siempre, y tu memoria pasará de generación en generación.
14 Tú te levantarás, y tendrás lástima de Sión; porque tiempo es de apiadarte de ella, llegó ya el plazo.
15 Y porque hasta sus mismas ruinas son amadas de tus siervos, y miran éstos con afición aun el polvo de aquella tierra.
16 Entonces, ¡oh Señor!, las naciones temerán tu santo nombre, y todos los reyes de la tierra respetarán tu gloria.
17 Porque el Señor reedificará a Sión, en donde se dejará ver con toda majestad.
18 Él atendió a la oración de los humildes, y no despreció sus plegarias.
19 Escríbanse estas cosas para la generación venidera; y el pueblo que será creado glorificará al Señor;
20 porque desde su excelso santuario inclinó los ojos hacia nosotros. Púsose el Señor desde el cielo a mirar a la tierra,
21 para escuchar los gemidos de los que estaban entre cadenas, para libertar a los sentenciados o destinados a muerte,
22 a fin de que prediquen en Sión el nombre del Señor, y sus alabanzas en Jerusalén;
23 entonces que los pueblos y reyes se reunirán para servir juntos al Señor.
24 Quebrantó mi fuerza en el camino; acortó el número de mis días.
25 No me llames, Señor, a la mitad de mi vida. Eternos son tus años.
26 Oh Señor, tú eres el que al principio criaste la tierra: los cielos obra son de tus manos.
27 Éstos perecerán; pero tú eres inmutable. Vendrán a gastarse como un vestido. Y mudaráslos como quien muda una capa, y mudados quedarán.
28 Mas tú eres siempre el mismo, y tus años no tendrán fin,
29 Los hijos de tus siervos habitarán tranquilos en Jerusalén, y su descendencia quedará arraigada por los siglos de los siglos.
De qué trata este capítulo
Quinto de los siete salmos penitenciales (102 en la numeración hebrea), oración de un afligido según su título (versículo 1). El orante describe su consumición con imágenes intensas: sus días se van como humo, sus huesos arden, come ceniza como pan y se siente como el pelícano del desierto o el pájaro solitario en el tejado (versículos 4 a 10).
El tono cambia en el versículo 13: frente a su vida que pasa como sombra, el Señor permanece para siempre y se compadecerá de Sión, cuyas piedras aman sus siervos (versículos 14 y 15). Los versículos 26 a 28, sobre los cielos que envejecen como un vestido mientras Dios sigue siendo el mismo, los cita la carta a los Hebreos aplicándolos a Cristo.
Este capítulo en la misa
Pasajes de este capítulo se proclaman en 3 celebraciones del año litúrgico:
- Jueves de la 15.ª semana del Tiempo Ordinario · Salmo responsorial (102(101),13-14ab.15.16-18.19-21)
- Jueves de la 6.ª semana del Tiempo Ordinario · Salmo responsorial (102(101),16-18.19-21.29.22-23)
- Martes de la 5.ª semana de Cuaresma · Salmo responsorial (102(101),2-3.16-18.19-21)