Jueces 19

1 Hubo un cierto levita que habitaba al lado de la montaña de Efraím, el cual se había casado con una mujer de Belén de Judá. Significado S. 11, 7, sigs.) — De la otra parte del Jordán

2 Esta mujer le dejó, y volvióse a Belén a la casa de su padre, con quien estuvo cuatro meses.

3 Su marido, queriendo reconciliarse con ella, fue a buscarla y acariciarla para traérsela otra vez consigo; y llevóse por compañía un criado con dos jumentos. La mujer le recibió bien y condújole a casa de su padre. Luego que su suegro tuvo noticia y llega a divisarle, fue a su encuentro lleno de gozo

4 y le abrazó. El yerno permaneció en casa del suegro tres días, comiendo y bebiendo con él familiarmente.

5 Mas al cuarto día, levantándose antes de amanecer, quiso partirse; pero detúvole el suegro y le dijo: Toma primero un bocado de pan para adquirir fuerzas, y después partirás.

6 Con eso se sentaron juntos, y comieron y bebieron. Dijo entonces el suegro a su yerno: Ruégete que te quedes hoy todavía aquí, y pasaremos el día juntos alegremente.

7 Pero él, levantándose, se puso en acción de querer marcharse. Con todo, el suegro, a fuerza de instancias, le detuvo y le hizo quedar consigo.

8 Venida la mañana disponía el levita su traje, mas el suegro le dijo otra vez: Ruégete te tomes un bocado para que cobres fuerzas, y en entrando más el día podrás emprender tu viaje. Comieron, pues, juntos

9 y, levantándose el joven para marcharse con su mujer y el criado, el suegro le habló nuevamente, diciendo: Mira que el sol está ya muy inclinado al ocaso, y que se acerca la noche; quédate también hoy conmigo y pasa el día alegremente, que mañana partirás para volver a tu casa.

10 No quiso el yerno condescender a sus ruegos, sino que, al punto, se puso en camino, y llegó hasta enfrente de Jebús, que por otro nombre se llama Jerusalen, llevando consigo los dos jumentos cargados y a su mujer.

11 Ya estaba cerca de Jebús, y se acababa el día, por lo que le dijo su criado: Ven por tu vida, torzamos el camino hacia la ciudad de los jebuseos, y paremos en ella.

12 Respondióle el amo: No entraré yo en población de gente extraña, que no es de los hijos de Israel sino que tiraré hasta Gabaa,

13 y en llegando allí, posaremos en ella, o, a lo menos, en la ciudad de Rama.

14 Pasaron, pues, de largo la ciudad de Jebús, continuando su viaje, y el sol se les puso cerca de Gabaa, la cual está en la tribu de Benjamín, JUECES

15 y se acogieron a ella para quedarse allí. Luego que entraron, dirigiéronse a la plaza de la ciudad, donde se sentaron; y no hubo uno siquiera que quisiera hospedarles en su casa.

16 Cuando he aquí que, al anochecer, apareció un hombre anciano que volvía del campo y de su labranza, el cual era también de la montaña de Efraím, y habitaba como forastero en Gabaa, pues los hombres de aquel territorio eran hijos de Jemini, o benjamitas;

17 y, levantando el anciano sus ojos, vio a aquel hombre sentado en la plaza de la ciudad con su pequeño bagaje, y le preguntó: ¿De dónde vienes, y adonde te diriges?

18 El cual le respondió: Venimos de Belén de Judá, y vamos a nuestra casa, que está al lado de la montaña de Efraím, de donde habíamos ido a Belén. Y ahora pasamos a la casa de Dios y nadie nos quiere dar hospedaje,

19 aunque tenemos paja y heno para las bestias, y pan y vino para el gasto mío y de mi mujer tu sierva y del criado que viene con nosotros; nada nos falta sino posada.

20 El anciano le respondió: La paz sea contigo; yo te daré lo necesario; ruégete únicamente que no te detengas más en la plaza.

21 Con esto llevóle a su casa y dio de comer a las caballerías, y, después que se lavaron los pies, los convidó a su mesa.

22 Estando cenando, y mientras con los manjares y bebidas refocilaban sus cuerpos fatigados del viaje, vinieron unos vecinos de aquella ciudad, hijos de Belial (esto es, sin freno ni temor de Dios), y, cercando la casa del anciano, comenzaron a dar golpes a la puerta, gritando al dueño de la casa, y diciéndole: Sácanos fuera ese hombre que entró en tu casa, que queremos abusar de él.

23 Y salió a ellos el anciano, y les dijo: No queráis, hermanos, no queráis cometer semejante maldad; ya que se ha hospedado este hombre en mi casa, desistid de semejante locura.

24 Y, como fuera de sí, añadió: Yo tengo una hija doncella, y este hombre tiene su mujer; os las sacará fuera para que abuséis de ellas y saciéis vuestra pasión; solamente os ruego que no cometáis con un hombre ese crimen nefando y contra la naturaleza.

25 No querían ceder a sus razones, lo que visto por el levita, sacóles su mujer y la abandonó a sus ultrajes; y, habiendo abusado de ella toda la noche, la dejaron libre al venir la mañana.

26 Entonces la mujer vino al rayar el día a la puerta de la casa donde estaba su señor, y allí se cayó muerta.

27 Así que fue ya de día, levantóse su marido y abrió la puerta con ánimo de buscar a su mujer y proseguir su viaje; y he aquí que su mujer yacía postrada delante de la puerta con las manos extendidas sobre el umbral.

28 Creyéndola él dormida, le decía: Levántate y vamonos. Mas como no respondiese, y viendo después que estaba muerta, tomóla y púsola sobre su asno, y regresó a su casa.

29 Apenas hubo entrado, cogió una cuchilla, y, dividiendo el cadáver de su mujer junto con los huesos en doce partes o trozos, los envió a todas las tribus de Israel. Significado Menos a la de Benjamín. (Véase

30 A tal espectáculo todos a una clamaban: No se ha visto cosa semejante en Israel desde el día en que salieron de Egipto nuestros padres hasta ahora; decid vuestro parecer, y decretad de común acuerdo lo que se ha de hacer en este caso. Castigo del crimen horrendo

Toca ✦ junto a un versículo para leer su significado (notas de la edición de Torres Amat).