Isaías 60

1 Levántate, oh Jerusalén; recibe la luz; porque ha venido tu lumbrera, y ha nacido sobre ti la gloria del Señor. Significado Ts. 5, 8.) Describe el profeta las armas con que el Mesías había de combatir a favor de los hombres contra el demonio — El sol de justicia

2 Porque he aquí que la tierra estará cubierta de tinieblas, y de oscuridad las naciones; mas sobre ti nacerá el Señor, y en ti se dejará ver su gloria.

3 Y a tu luz caminarán las gentes, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.

4 Tiende tu vista alrededor tuyo, y mira; todos esos se han congregado para venir a ti; vendrán de lejos tus hijos, y tus hijas acudirán a ti de todas partes.

5 Entonces te verás en la abundancia; se asombrará tu corazón, y se ensanchará cuando vendrán a unirse contigo la muchedumbre de naciones de la otra parte del mar; cuando a ti acudirán poderosos pueblos.

6 Te verás inundada de una muchedumbre de camellos, de dromedarios de Madián y de Efa; todos los sábios vendrán a traerte oro e incienso, y publicarán las alabanzas del Señor. Significado Mt. 2, 9. Madián fue hijo de Abraham y de Cetura; y Efa fue hijo de Madián. (Gn. 25, 2, 4.) Éste y sus descendientes habitaron en la Arabia Pétrea. Los dromedarios son los camellos más ejercitados en correr, y así más veloces; y en ellos viajan los pueblos de Oriente

7 Se recogerán para ti todos los rebaños de Cedar; para tu servicio serán los carneros de Nabaiot; sobre mi altar de propiciación serán ofrecidos, y Yo haré gloriosa la casa de mi majestad. Significado Cedar y Nabaiot fueron hijos de Ismael, hijo de Abraham. La riqueza de sus descendientes consistía en rebaños. (Gn. 25, 12; 13.)

8 ¿Quiénes son esos que vuelan como nubes, y como las palomas a sus nidos?

9 Sé, dice el Señor, que me están esperando con ansia las islas o naciones, y las naves del mar ya desde el principio, para que traiga de las remotas regiones a tus nuevos hijos, y con ellos su plata y su oro, que consagran al nombre del Dios tuyo, y al santo de Israel que te ha glorificado.

10 Entonces los hijos de los extranjeros edificarán tus muros; y los reyes de ellos serán servidores tuyos; porque, si bien estando enojado te afligí, ahora, reconciliado, uso contigo de misericordia.

11 Y estarán abiertas siempre tus puertas; ni de día ni de noche se cerrarán; a fin de que a toda hora pueda introducirse en ti la riqueza de las naciones, juntamente con sus reyes;

12 puesto que la nación y el reino que a ti no se juntare, perecerá, y tales gentes serán destruidas y asoladas.

13 A ti vendrá lo más precioso del Líbano, y el abeto, y el boj, y el pino, para servir todos juntos al adorno de mi santuario, y Yo llenaré de gloria el lugar donde asentaré mis pies.

14 Y a ti vendrán y se postrarán los hijos de aquellos que te abatieron, y besarán las huellas de tus pies todos los que te insultaban, y te llamarán la ciudad del Señor, y la Sión del Santo de Israel.

15 Por cuanto estuviste tú abandonada y aborrecida, sin haber quién te frecuentase, Yo haré que seas la gloria de los siglos y el gozo de todas las generaciones venideras;

16 y te alimentarás con la leche de las naciones, y te criarán regios pechos; y conocerás que Yo soy el Señor que te salva, el redentor tuyo, el fuerte de Jacob.

17 En vez de cobre te traeré oro, y plata en lugar de hierro; y en lugar de piedras, hierro; y pondré por gobierno tuyo la paz, y por prelados tuyos la justicia.

18 No se oirá ya hablar más de iniquidad en tu tierra, ni de estragos, ni de plagas dentro de tus confines; antes bien, reinará la salud o felicidad dentro de tus muros, y resonarán en tus puertas cánticos de alabanza.

19 Ya no habrás menester sol que te dé luz durante el día, ISAÍAS ni te alumbrará el resplandor de la luna; sino que el Señor mismo será la sempiterna luz tuya, y tu gloria o claridad el mismo Dios tuyo.

20 Nunca jamás se pondrá tu sol, ni padecerá menguante tu luna; porque el Señor será para ti sempiterna luz tuya, y se habrán acabado ya los días de llanto.

21 El pueblo tuyo se compondrá de todos los justos; ellos poseerán eternamente la tierra, siendo unos pimpollos plantados por Mí, obra de mis manos, para que Yo sea glorificado.

22 El menor de ellos valdrá por mil, y el parvulillo por una nación poderosísima. Yo, el Señor, haré súbitamente esto cuando llegare su tiempo. El Mesías anuncia la época de la redención

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