San Alejandro fue obispo de Alejandría, en Egipto, aproximadamente entre los años 312 y 328, al frente de una de las Iglesias más importantes de la cristiandad antigua. Las fuentes lo describen como un pastor bondadoso, cuidadoso de los pobres y promotor de la construcción de iglesias en la ciudad.
Su nombre está ligado a la controversia arriana. Arrio, presbítero de Alejandría, enseñaba que el Hijo de Dios era una criatura y no eterno como el Padre. Alejandro intentó primero corregirlo, pero ante su insistencia reunió un sínodo de obispos de Egipto y Libia que lo condenó hacia el año 320, y escribió cartas a otros obispos para alertarlos. La disputa se extendió por todo el Oriente y llevó al emperador Constantino a convocar en el año 325 el Concilio de Nicea, al que Alejandro asistió acompañado de su joven diácono Atanasio. El concilio afirmó que el Hijo es «consustancial» al Padre, doctrina que quedó recogida en el Credo.
Murió en el año 328, y le sucedió en la sede el propio Atanasio, que continuaría su defensa de la fe nicena. Es venerado en la Iglesia católica y en las Iglesias orientales.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.