
Marino fue el séptimo abad de la abadía benedictina de la Santísima Trinidad de Cava de' Tirreni, cerca de Salerno, fundada a comienzos del siglo XI por san Alferio. Antes de su elección había sido un simple monje encargado de la ropería, oficio que en Cava incluía la custodia de los objetos de valor y del archivo. En 1146 sucedió al beato Falcón y gobernó la abadía durante veinticuatro años.
Al inicio de su mandato viajó a Roma, según la costumbre de Cava, para recibir la bendición del papa Eugenio III, discípulo de san Bernardo, que le confió además la restauración de un monasterio romano y en 1149 puso la abadía bajo la protección directa de la Santa Sede. Se le recuerda por su fidelidad al papado en los años difíciles de las tensiones entre Roma y el reino normando de Sicilia, en las que actuó como mediador entre el rey Guillermo I y el papa Adriano IV. Del rey obtuvo la confirmación de los bienes y privilegios del monasterio.
Bajo su gobierno la abadía prosperó: recibió donaciones de obispos y señores, se le agregaron nuevas iglesias y monasterios, y la basílica fue embellecida con mármoles, frescos y mosaicos. Las rentas se destinaron también a socorrer a los pobres. Murió el 15 de diciembre de 1170 y fue sepultado en la basílica abacial. Pío XI confirmó su culto en 1928, y sus reliquias se veneran en la abadía de Cava, que sigue habitada por monjes benedictinos.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.