
Conrado Miliani nació en Ascoli Piceno, en el centro de Italia, en 1234, en una familia noble. Desde niño fue amigo de Jerónimo Masci, también de Ascoli, con quien ingresó en la Orden franciscana. Los caminos de ambos se separaron y se volvieron a cruzar muchas veces: Jerónimo llegaría a ser ministro general de los franciscanos y, en 1288, papa con el nombre de Nicolás IV.
Conrado estudió y enseñó teología en Perugia y fue un predicador incansable. Movido por el deseo de anunciar el Evangelio a los no cristianos, partió como misionero al norte de África, a la región de Cirenaica, en la actual Libia, donde según la tradición fue uno de los primeros franciscanos en trabajar. Más tarde acompañó a su amigo Jerónimo en misiones diplomáticas al servicio del papa y enseñó en París. Llevaba una vida muy austera: andaba descalzo, ayunaba con frecuencia y dormía poco, y sus contemporáneos lo tenían por hombre de oración y de profunda humildad.
Cuando Nicolás IV fue elegido papa, lo llamó a Roma con la intención, según se dice, de nombrarlo cardenal. Conrado obedeció, pero ya enfermo tuvo que detenerse en su ciudad natal, donde murió el 19 de abril de 1289. Su sepulcro en Ascoli fue muy pronto lugar de devoción, y su culto fue confirmado por el papa Pío VI en 1783.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.