Día 6 de 9

Sexto día — La casa

  1. Oración de todos los días

    Señor, necesito trabajar.

    No te pido un milagro:
    te pido una puerta, y fuerzas para seguir llamando.
    Que alguien lea mi nombre y me llame.

    San José, que trabajaste con tus manos,
    consígueme trabajo.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Efesios 4,26-32

    26 Si os enojáis, no queráis pecar; no sea que se os ponga el sol estando todavía airados. EFESIOS 27 No deis lugar o entrada al diablo; 28 el que hurtaba, no hurte ya; antes bien trabaje, ocupándose con sus manos en algún ejercicio honesto, para tener con qué subsistir y dar al necesitado. 29 De vuestra boca no salga ningún discurso malo, sino los que sean buenos para edificación de la fe, que den gracias o inspiren piedad a los oyentes. 30 Y no queráis contristar con vuestros pecados al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Toda amargura, ira y enojo, y gritería y maledicencia, con todo género de malicia, destiérrese de vosotros. 32 Al contrario, sed mutuamente afables, compasivos, perdonándoos los unos a los otros, así como también Dios ha perdonado a vosotros por Jesucristo.
  3. Meditación del día 6

    El desempleo se paga también en el humor de casa. Hoy toca cuidar eso.

    Pablo da una regla de convivencia que cualquier familia entiende: si os enojáis, no pequéis, y que no se ponga el sol sobre vuestro enojo. Y pide quitar la amargura, la ira, los gritos y la maledicencia, y ser amables y compasivos unos con otros. Habla también del trabajo: que cada uno trabaje con sus manos para tener algo que compartir.

    El desempleo no lo sufre solo quien lo tiene. Se cuela en la casa entera: en las discusiones por el dinero, en el silencio a la hora de la comida, en los reproches que se escapan, en la vergüenza del que no trae plata, en el cansancio del que sostiene todo. A veces el que está sin trabajo se encierra y se vuelve irritable; otras veces es la familia la que, sin querer, se lo recuerda a cada rato.

    Hoy cuida eso. Habla con los tuyos con calma de cómo está la situación, sin esconderla ni dramatizarla. Pide perdón si has estado de mal humor. Y si eres familiar de alguien sin trabajo, no le preguntes cada día «¿y qué?». Pregúntale cómo está. Un hogar que se sostiene unido en la mala racha sale distinto de ella.

  4. Petición

    Que mi situación no amargue a los míos,
    ni ellos me la echen en cara.
    Amén.

  5. Oración final

    San José obrero, san Cayetano,
    san Judas Tadeo:
    rogad por los que no tienen trabajo.

    Señor, danos hoy nuestro pan de cada día
    y un trabajo digno con que ganarlo.
    Amén.

Mañana toca el día 7. Vuelve a esta hora.