Día 4 de 9

Cuarto día — La pobreza alegre

  1. Oración de todos los días

    San Francisco de Asís,
    que te quedaste sin nada y fuiste libre:

    quítame lo que me sobra,
    dame paz con quien no me la da,
    y hazme hermano de la gente y de lo creado.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Filipenses 4,10-13

    10 Yo, por mí, me holgué sobremanera en el Señor, de que al fin ha reflorecido aquel afecto que me tenéis; siempre le habéis tenido en vuestro corazón, mas no hallabais coyuntura para manifestarle. 11 No lo digo por razón de mi indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. 12 Sé vivir en pobreza, y sé vivir en abundancia (todo lo he probado y estoy ya hecho a todo): a tener hartura, y a sufrir hambre; a tener abundancia, y a padecer necesidad; 13 todo lo puedo en Aquel que me conforta.
  3. Meditación del día 4

    No fue un moralista triste: cantaba. Lo suyo era libertad, no privación amargada.

    San Pablo escribe desde la cárcel y da las gracias por una ayuda que le llegó. Pero aclara: he aprendido a arreglármelas en cualquier situación, a pasar hambre y a tener de sobra, a vivir en la abundancia y en la escasez. No le importa tanto lo que tiene como la libertad que ha ganado frente a lo que tiene.

    La pobreza de Francisco iba por ahí. No era la de alguien amargado que mira mal a los demás porque comen bien. Los primeros relatos lo muestran cantando por los caminos, a veces en francés, la lengua de los trovadores, haciendo bromas, celebrando. Lo suyo era libertad: no le debía nada a nadie ni nada lo poseía.

    Es fácil caer en la sobriedad agria: la del que no se compra nada pero juzga a todo el que lo hace, la del que habla de austeridad con cara de funeral. Eso no es franciscano. Prueba hoy a quitarte algo que no necesitas, sin anunciarlo, y fíjate si te deja más ligero o más resentido. La respuesta dice mucho.

  4. Petición

    Que mi sobriedad sea alegre
    y no un reproche a los demás.
    Amén.

  5. Oración final

    Señor, hazme un instrumento de tu paz:
    donde haya odio, que yo lleve el amor;
    donde haya ofensa, que yo lleve el perdón.

    San Francisco de Asís, ruega por nosotros.
    Amén.

Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.