Día 5 de 9

Quinto día — El salto de la reja

  1. Oración de todos los días

    Blanca Paloma,
    madre de las marismas:
    voy de camino hacia ti, aunque no salga de mi casa.

    Que el camino me cambie algo
    y no sea solo una fiesta que se acaba el martes.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lucas 8,43-48

    43 sucedió que cierta mujer enferma desde hacía doce años de un flujo de sangre, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, sin que ninguno hubiese podido curarla, 44 se arrimó por detrás y le tocó la orla de su vestido: y al instante paró el flujo de sangre. 45 Y dijo Jesús: ¿Quién es el que me ha tocado? Excusándose todos, dijo Pedro con sus compañeros: Maestro, un tropel de gentes te comprime y sofoca, y preguntas: ¿Quién me ha tocado? 46 Pero Jesús replicó: Alguno Me ha tocado, pues Yo sé que de Mí ha salido fuerza para ello. 47 En fin, viéndose la mujer descubierta, llegóse temblando, y echándose a sus pies, declaró en presencia de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo al momento había quedado sana. 48 Y Jesús le dijo: Hija, tu fe te ha curado: vete en paz.
  3. Meditación del día 5

    La madrugada del lunes los almonteños saltan la reja para sacarla. Es tumultuoso y nadie lo cambiaría.

    La mujer llevaba doce años enferma y había gastado todo en médicos. Se mete entre la multitud que aprieta a Jesús por todos lados, se arrima por detrás y le toca el borde del manto. Pedro no entiende la pregunta de Jesús: ¿cómo que quién te tocó, si todo el mundo te está empujando?

    El salto de la reja, en la madrugada del lunes, es eso: un empujón enorme. Los almonteños saltan la verja del presbiterio y sacan a la Virgen en procesión durante horas, entre gente que se aprieta para acercarse. Visto desde fuera parece un caos; quien lo vive dice que no lo cambiaría por nada.

    En la vida también hay muchas temporadas de empujones: trabajos que exigen todo, familias que piden de todo, noticias que no paran. Es fácil acabar arrastrado por la multitud, sin acordarse de para qué uno se metió ahí. La mujer del Evangelio no perdió de vista lo que buscaba. Hoy, en medio de tus prisas, piensa qué es lo que de verdad quieres tocar. Y ojo con atropellar a otros en el camino: la fe no da derecho a pisar a nadie.

  4. Petición

    Madre, que en el empujón de la vida
    no pierda de vista lo que voy a buscar.
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Virgen del Rocío, Blanca Paloma,
    reina de las marismas:
    ruega por nosotros,
    por los que caminan y por los que esperan en casa.
    Amén.

Mañana toca el día 6. Vuelve a esta hora.