Salmos 85
1 Oración del mismo David.
2 Inclina, Señor, tu oído a mis ruegos, y escúchame: porque me hallo afligido y necesitado.
3 Guarda mi vida, puesto que estoy consagrado a ti. Salva, oh Dios mío, a este siervo tuyo, que tiene puesta en ti su esperanza.
4 Señor, ten misericordia de mí, porque no ceso de clamar a ti todo el día:
5 consuela el alma de tu siervo, pues a ti, oh Señor, tengo de continuo elevado mí espíritu:
6 siendo tú, Señor, como eres, suave, y benigno, y de gran clemencia para con todos los que te invocan.
7 Oye propicio, oh Señor, mi oración y atiende a la voz de mis ruegos.
8 A ti clamaré en el día de mi tribulación; pues tú siempre me has oído benignamente.
9 Ninguno hay entre los dioses que pueda, oh Señor, parangonarse contigo: ninguno que pueda imitar tus obras.
10 Las naciones todas cuantas criaste, vendrán, Señor, y postradas ante ti te adorarán, y tributarán gloria a tu nombre.
11 Porque tú eres el grande: tú el hacedor de maravillas; tú solo eres Dios.
12 Guíame, Señor, por tus sendas, y yo caminaré según tu verdad: alégrese mi corazón de modo que respete tu nombre.
13 Alabarte he, oh Señor, Dios mío, con todo mi corazón, y glorificaré eternamente tu nombre:
14 Porque es grande tu misericordia para conmigo, y has sacado mi alma del infierno profundo.
15 Oh Dios, conspirado han contra mí los impíos: y una reunión de poderosos han atentado a mi vida; sin atender a que tú te hallas presente.
16 Pero tú, Señor Dios, compasivo y benéfico, paciente, misericordioso y veraz,
17 vuelve hacia mí tu rostro, y tenme lástima: da tu imperio a tu siervo, y pon en salvo al hijo de tu esclava
18 Obra algún prodigio a favor mío, para que los que me aborrecen vean, con confusión suya, como tú, oh Señor, me has socorrido y consolado.