Salmos 8

1 Al fin: para los lagares: salmo de David

2 ¡Oh Señor, Soberano dueño nuestro, cuan

3 admirable es tu nombre en toda la redondez de la tierra! Porque tu majestad se ve

4 ensalzada sobre los cielos.

5 De la boca de los niños, y de los que están aún pendientes del pecho de sus madres,

6 hiciste tú salir perfecta alabanza, por ra

7 zón de tus enemigos, para destruir al enemigo y al vengativo.

8 Yo contemplo tus cielos, obra de tus dedos,

9 la luna y las estrellas que tú criaste, y exclamo

10 ¿Qué es el hombre para que tú te acuerdes

11 de él? ¿O qué es el hijo del hombre para

12 que vengas a visitarle?

13 Hicístele un poco inferior a los ángeles,

14 coronástele de gloria y de honor,

15 y le has dado el mando sobre las obras de

16 Todas ellas las pusiste a sus pies: todas

17 las ovejas y bueyes, y aun las bestias del

18 las aves del cielo, y los peces del mar que hienden sus ondas.

19 ¡Oh Señor, Soberano dueño nuestro, y cuan admirable es tu nombre en toda la redondez de la tierra!

De qué trata este capítulo

Himno a la grandeza de Dios reflejada en la creación y en la dignidad del ser humano. Comienza y termina con la misma exclamación: qué admirable es el nombre del Señor en toda la tierra (versículos 2 y 19). Dios hace brotar su alabanza incluso de la boca de los niños, frase que Jesús cita en Mateo 21 al entrar en el templo.

Al contemplar el cielo, la luna y las estrellas, el salmista se pregunta qué es el hombre para que Dios se acuerde de él (versículos 8 a 12). Lo hizo poco inferior a los ángeles, lo coronó de gloria y le dio dominio sobre ovejas, bueyes, aves y peces (versículos 13 a 18). La carta a los Hebreos aplica estas palabras a Cristo.

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 4 celebraciones del año litúrgico: