Salmos 55

1 Para el fin:

2 para la gente que estaba lejos del santuario:

3 Inscripción para ponerse sobre una columna por David, cuando los extranjeros o filisteos le detuvieron en Get.

4 Apiádate de mí, ¡oh Dios mío!, porque el hombre me está atropellando indignamente: me tiene angustiado, combatiendo todo el día contra mí.

5 Todo el día me veo pisoteado de mis enemigos: pues son muchos los que contra mí pelean,

6 Desde que apunta el día estoy temiendo; pero yo confío en ti.

7 Me gloriaré en Dios por las promesas que me tiene hechas: en Dios tengo puesta mi esperanza: nada temeré de cuanto pueden hacer contra mí los mortales.

8 Todo el día están abominando de mis cosas: todos sus pensamientos se dirigen a hacerme algún daño.

9 Reúnense; y escondidos, están espiando mis pasos: así como estuvieron acechando mi vida.

10 Tú, Señor, de ningún modo los dejarás escapar a ellos: irritado harás añicos a estas gentes.

11 Oh Dios, te he expuesto cuál sea la situación de mi vida: tú tienes presente ante tus ojos mis lágrimas, conforme a tu promesa:

12 un día serán puestos en fuga mis enemigos. En cualquiera hora que te invoco, al instante conozco que tú eres mi Dios.

13 A Dios celebraré por las promesas que me tiene hechas, alabaré al Señor por ellas. En Dios tengo mi esperanza, nada temeré de cuanto pueda hacer contra mí el hombre.

14 A mi cuidado quedan, ¡oh Dios!, los votos que te he hecho, que cumpliré cantando tus alabanzas

15 porque libraste de la muerte mi alma, y a mis pies de la caída: a fin de que pueda ser grato a los ojos de Dios en la luz de los vivientes

De qué trata este capítulo

Súplica de David (salmo 56 en la numeración hebrea) que el título vincula con su captura por los filisteos en Gat (versículo 3), episodio del primer libro de Samuel. El orante se siente pisoteado y espiado todo el día por enemigos que tuercen sus palabras y acechan sus pasos (versículos 4 a 9).

Un estribillo repetido en los versículos 7 y 13 sostiene la oración: confía en Dios y no teme lo que pueda hacerle un mortal. El versículo 11 expresa con ternura que Dios lleva cuenta de sus lágrimas. Al final, el salmista se compromete a cumplir sus votos con acción de gracias, porque Dios lo libró de la muerte para caminar en su presencia, en la luz de los vivientes (versículos 14 y 15).

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 2 celebraciones del año litúrgico: