Salmos 48
1 Para el fin: a los hijos de Coré, salmo.
2 Oíd estas cosas, naciones todas: estad atentos vosotros todos los que habitáis la redondez de la tierra;
3 así los que sois plebeyos, como los que sois nobles, juntos a una los ricos y los pobres.
4 Mi boca proferirá sabiduría, y la meditación de mi espíritu prudencia.
5 Tendré atento el oído a la parábola, inspiración divina: al son del salterio descifraré mi enigma.
6 ¿Qué es, pues, lo que he de temer yo en el aciago día? La iniquidad de mis pasos, que me cercará por todos lados.
7 ¡Ay de aquellos que confían en su poder, y se glorían en la muchedumbre de sus riquezas!
8 El hermano no redime, ¿cómo redimirá otro hombre?. Ninguno podrá ofrecer a Dios cosa que le aplaque,
9 ni precio alguno en rescate de su alma, sino que penará para siempre:
10 y no obstante vivirá perpetuamente.
11 ¿No verá él la muerte, cuando ha visto que mueren aún los sabios? ¡Ah!, el insensato y el necio, como todos, perecerán, y dejarán a los extraños sus riquezas,
12 y el sepulcro será su eterna habitación, y sus pabellones pasarán de una a otra generación: esos hombres que dieron sus nombres a sus tierras, pensando eternizarse.
13 Y el hombre, constituido en honor, no ha tenido discernimiento: se ha igualado con los insensatos jumentos, y se ha hecho como uno de ellos.
14 Este proceder suyo es causa de perdición; y con todo habrá venideros que se complacerán en alabarle.
15 Como rebaños de ovejas serán metidos en el infierno: la muerte se cebará en ellos eternamente. Y los justos tendrán, desde luego, el dominio sobre ellos: y no habrá socorro que les valga en el infierno, después de su pasada gloria.
16 Dios, empero, redimirá mi alma del poder del infierno cuando él me recoja de este mundo.
17 Tú no te turbes por más que un hombre se haga rico, y crezca el fausto de su casa,
18 Puesto que cuando muera nada llevará consigo, ni le seguirá su gloria.
19 Porque mientras él viva será alabada su persona; y él te bendecirá cuando le hicieres bien.
20 Entrará al lugar de sus padres, y ya no verá jamás la luz.
21 Porque el hombre, constituido en honor, no tuvo discernimiento: se ha igualado con los irracionales, y se ha hecho semejante a ellos.