Salmos 3
1 Salmo de David cuando iba huyendo de su hijo Absalón.
2 Señor, ¿cómo es que se han aumentado tanto mis perseguidores? Son muchísimos los que se han rebelado contra mí. Muchos dicen de mí: Ya no tiene que esperar de su Dios salvación o amparo. Pero tú, ¡oh Señor!, eres mi protector, mi gloria, y el que me haces levantar cabeza, A voces clamé al Señor, y él me oyó desde su santo monte.
3 Yo me dormí, y me entregué a un profundo sueño; y me levanté, porque el Señor me tomó bajo su amparo. No temeré, pues, a ese innumerable gentío que me tiene cercado; levántate, Señor; sálvame tú, Dios mío;
4 pues tú has castigado a todos los que sin razón me hacen guerra; les has quebrantado a los pecadores los dientes. Del Señor nos viene la salvación; y tú, Dios mío, bendecirás a tu pueblo.
De qué trata este capítulo
Según su título, David lo compuso cuando huía de su hijo Absalón, episodio narrado en el segundo libro de Samuel. Es una oración de confianza en plena persecución: en el versículo 2 el salmista se queja de sus muchos enemigos, que dicen que Dios ya no lo salvará, pero proclama al Señor como su escudo y su gloria.
El versículo 3 es el más conocido: se acostó, durmió y despertó porque el Señor lo sostenía, y por eso no teme a los miles que lo rodean. En el versículo 4 pide a Dios que se levante y lo salve, afirmando que la salvación pertenece al Señor. La Iglesia lo reza tradicionalmente como oración de la mañana.
Este capítulo en la misa
Pasajes de este capítulo se proclaman en 3 celebraciones del año litúrgico:
- Lunes de la 5.ª semana de Pascua · Salmo responsorial (115(113B),1-2.3-4.15-16)
- Martes de la 33.ª semana del Tiempo Ordinario · Salmo responsorial (3,2-3.4-5.6-7)
- Sabado de la 15.ª semana del Tiempo Ordinario · Salmo responsorial (9(9B),1-2.3-4.7-8.14)