Salmos 1

1 Dichoso aquel varón que no se deja llevar de los consejos de los malos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se asienta en la cátedra pestilencial de los libertinos; sino que tiene puesta toda su voluntad en la Ley del Señor, y está meditando en ella día y noche.

2 Él será como el árbol plantado junto a las corrientes de las aguas, el cual dará su fruto en el debido tiempo, y cuya hoja no caerá nunca; y cuanto él hiciere tendrá próspero efecto.

3 No así los impíos, no así, sino que serán como el tamo o polvo que el viento arroja de la superficie de la tierra. Por tanto, no prevalecerán los impíos en juicio; ni los pecadores estarán en la asamblea de los justos.

4 Porque conoce el Señor y premia el proceder de los justos; mas la senda de los impíos terminará en la perdición.

De qué trata este capítulo

El salterio se abre con un salmo sapiencial que sirve de portada a todo el libro. Presenta dos caminos: el de quien no sigue el consejo de los malvados y se deleita en la ley del Señor, y el de los impíos. En el versículo 2, el justo es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da fruto a su tiempo y no se marchita.

En contraste, el versículo 3 compara a los malvados con la paja que se lleva el viento, incapaces de sostenerse en el juicio. El versículo 4 resume la enseñanza: el Señor conoce el camino de los justos, y el de los impíos acaba en la ruina. La liturgia lo usa como invitación a meditar la Palabra.

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 8 celebraciones del año litúrgico: