Jeremías 17

1 El pecado de Judá está escrito con punzón de hierro, y grabado con punta de diamante sobre la tabla de su corazón, y en los lados de sus sacrilegos altares. Significado S. 16, 7; Sal. 7, 10; Ap. 2, 23

2 Ya que sus hijos se han acordado de sus altares, y de sus bosques, y de los árboles frondosos que hay en los altos montes,

3 y ofrecen sacrificios en los campos; Yo entregaré al saqueo tu hacienda, y todos tus tesoros y tus lugares excelsos, por causa de los pecados cometidos por ti, en todas tus tierras.

4 Y quedarás despojada de la herencia que te había Yo dado; y te haré esclava de tus enemigos en una tierra desconocida de ti: porque tú has encendido el fuego de mi indignación, que arderá eternamente. Confianza mala y buena

5 Esto dice el Señor: Maldito sea el hombre que confía en otro hombre, y se apoya en un brazo de carne, y aparta del Señor su corazón.

6 Porque será semejante a los tamariscos o retama del árido desierto; y no se aprovechará del bien cuando venga, sino que permanecerá en la sequedad del desierto, en un terreno salobre e inhabitable.

7 Al contrario, bienaventurado el varón que tiene puesta en el Señor su confianza, y cuya esperanza es el Señor.

8 Porque será como el árbol trasplantado junto a las corrientes de las aguas, el cual extiende hacia la humedad sus raíces, y así no temerá la sequedad cuando venga el estío. Y estarán siempre verdes sus hojas, ni le hará mella la sequía, ni jamás dejará de producir fruto.

9 Perverso es el corazón de todos los hombres e impenetrable: ¿quién podrá conocerlo?

10 Yo, el Señor, soy el que escudriño los corazones, y el que examino los afectos de ellos, y doy a cada uno la paga según su proceder, y conforme al mérito de sus obras.

11 Como la perdiz que empolla los huevos que ella no puso, así es el que junta riquezas por medios injustos: a la mitad de sus días tendrá que dejarlas, y al fin de ellos se verá su insensatez.

12 ¡Oh trono de gloria del Altísimo desde el principio, lugar de nuestra santificación!

13 ¡Oh Señor, esperanza de Israel! Todos los que te abandonan quedarán confundidos; los que de Ti se alejan, en la tierra serán escritos: porque han abandonado al Señor, vena de aguas vivas.

14 Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame, y seré salvo; pues que mi gloria eres Tú. He aquí que ellos me están diciendo:

15 ¿Dónde está la palabra del Señor? Que se cumpla.

16 Mas yo no me he turbado siguiendo tus huellas, ¡oh pastor mío!; pues nunca apetecí día o favor de hombre alguno; Tú lo sabes. Lo que anuncié con mis labios fue recto en tu presencia.

17 No seas, pues, para mí motivo de temor, Tú, ¡oh Señor!, esperanza mía en el tiempo de aflicción.

18 Confundidos queden los que me persiguen, no quede confundido yo; teman ellos y no tema yo; envía sobre ellos el día de la aflicción, y castígalos con doble azote. Santificación del sábado

19 Esto me dice el Señor: Ve, y ponte a la puerta de los hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá; y en todas las puertas de Jerusalén, Significado El profeta vaticina lleno de gozo la conversión de los gentiles

20 y les dirás: Oíd la palabra del Señor, ¡oh reyes de Judá!; y tú, pueblo todo de Judá, y todos vosotros, ciudadanos de Jerusalén, que entráis por estas puertas,

21 mirad lo que dice el Señor: Cuidad de vuestras almas; y no llevéis cargas en día de sábado, ni las hagáis entrar por las puertas de Jerusalén. Significado Que yo soy «Jehovah», o «El que es»

22 Ni hagáis en día de sábado sacar cargas de vuestras casas, ni hagáis labor alguna; santificad dicho día, como lo mandé a vuestros padres.

23 Mas ellos no quisieron escuchar ni prestar oídos o mis palabras; al contrario, endurecieron su cerviz por no oírme, ni recibir mis documentos.

24 Con todo, si vosotros me escuchareis, dice el Señor, de suerte que no introduzcáis cargas por las puertas de esta ciudad en día de JEREMÍAS sábado, y santificareis el día de sábado, no haciendo en él labor ninguna;

25 seguirán entrando por las puertas de esta ciudad los reyes y príncipes, sentándose en el trono de David, y montando en carrozas y caballos, así ellos como sus príncipes o cortesanos, los varones de Judá y los ciudadanos de Jerusalén, y estará esta ciudad para siempre poblada.

26 Y vendrán de las otras ciudades de Judá, y de la comarca de Jerusalén, y de tierra de Benjamín, y de las campiñas, y de las montañas, y de hacia el Mediodía a traer holocaustos, y víctimas, y sacrificios, e incienso, y lo ofrecerán en el templo del Señor.

27 Pero si no me obedeciereis en santificar el día del sábado, y en no acarrear cargas, ni meterlas por las puertas de Jerusalén en día de sábado, Yo pegaré fuego a estas puertas, fuego que devorará las casas de Jerusalén, y que a nadie le será posible apagar. El alfarero y la vasija

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