Isaías 57

1 Entretanto el justo perece, y no hay quien reflexione sobre esto en su corazón, y son arrebatados los hombres piadosos, sin que nadie lo sienta; siendo así que para libertarle de los males, es el justo arrebatado de este mundo.

2 Venga sobre él la paz, descanse en su morada el que ha procedido rectamente.

3 Entretanto, llegaos vosotros, moradores de Jerusalén, hijos de una agorera, raza de padre adúltero y de mujer prostituta.

4 ¿De quién habéis hecho befa? ¿Contra quién abristeis toda vuestra boca, y soltasteis la lengua para mofaros? ¿Acaso no sois vosotros hijos malvados y raza de bastardos?

5 ¿Vosotros que os solazáis venerando con infames placeres vuestros dioses a la sombra de todo árbol frondoso, sacrificando en honor suyo vuestros hijos en los torrentes y debajo de altas peñas?

6 Allá junto al torrente está, ¡oh hebreo!, tú heredad, allí tienes tu bien; y a esos dioses derramaste libaciones, y ofreciste sacrificios. ¿Pues cómo no he de indignarme a vista de tales cosas?

7 Sobre un excelso y encumbrado monte colocaste tu tálamo, y allá subiste para inmolar víctimas.

8 Y detrás de la puerta, y tras del dintel colocaste los ídolos para tu recuerdo: junto a mí has pecado, recibiendo al adúltero o adorando al ídolo: has ensanchado tu lecho, y te has amancebado con otros semejantes; has amado su compañía descaradamente. Significado Véase lo que hicieron Acaz y Manases. (2 R. 16, 11; 21,4)

9 Con perfumes te ataviaste para ser presentada al rey, y has multiplicado tus afeites. Enviaste lejos tus embajadores, y te has abatido hasta los infiernos. Significado Esto es, hasta lo sumo

10 Has procedido idolatrando de muchísimos modos, y te has fatigado, y nunca dijiste: Tomaré descanso; hallaste la vida y tus delicias en los ídolos obra de tus manos, y por eso no has recurrido a Mí.

11 ¿Qué es lo que tú temiste, tan acongojada, que así has faltado a la fe, ni te has acordado de Mí, ni has reflexionado en tu corazón? Porque Yo callaba y me hacía el desentendido, por eso tú no hiciste caso de mí.

12 Yo haré conocer cuál es tu justicia, y de nada te aprovecharán tus ídolos, obras de tus manos,

13 Cuando levantares el grito quejándote, sálvente aquellos dioses de las naciones que tú has recogido: mas a todos ellos se los llevará el viento, un soplo los disipará. Al contrario, quien pone en Mí su confianza, tendrá por herencia la tierra, y poseerá mi santo monte.

14 Yo diré entonces: Abrid camino, dejad expedito el paso, despejad la senda, apartad los estorbos del camino de mi pueblo.

15 Pues esto dice el excelso y el sublime Dios que mora en la eternidad, y cuyo nombre es santo: el que habita en las alturas, y en el santuario, y en el corazón contrito y humillado; para vivificar el espíritu de los humildes, y dar vida al corazón de los contritos.

16 Que no para siempre he de ejercer la vindicta, ni conservar hasta el fin mi enojo: pues que de mi boca salió el espíritu, y crié Yo las almas.

17 Por la malvada avaricia de mi pueblo Yo me irrité, y le he azotado; le oculté mi rostro, y me indigné, y él se fue vagando tras de los antojos de su corazón.

18 Yo vi sus andanzas, y le di la salud, y le convertí al buen camino, y le di mis consuelos, así a él como a los suyos que lloraban arrepentidos.

19 He criado la paz, fruto de mis labios o promesas; paz para el que está lejos, y para el que está cerca, dice el Señor: y los he curado a todos.

20 Pero los impíos son como un mar alborotado, que no pueden estar en calma; cuyas olas rebosan en lodo y cieno.

21 No hay paz para los impíos, dice el Señor Dios. El culto que agrada a Dios

Toca ✦ junto a un versículo para leer su significado (notas de la edición de Torres Amat).