Calendario litúrgico
viernes, 17 de febrero de 2023
Viernes de la 6a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año I
Santo del día: Beato Lucas Belludi · Beata Edvige Carboni · Federico de Berga · Santos Fundadores Siervos de la Virgen María
Primera lectura
Libro de Génesis 11,1-9.
Todo el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras.
Y cuando los hombres emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la región de Senaar y se establecieron allí.
Entonces se dijeron unos a otros: "¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámolos a cocer al fuego". Y usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les sirvió de mezcla.
Después dijeron: "Edifiquemos una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra".
Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo,
y dijo: "Si esta es la primera obra que realizan, nada de lo que se propongan hacer les resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen la misma lengua.
Bajemos entonces, y una vez allí, confundamos su lengua, para que ya no se entiendan unos a otros".
Así el Señor los dispersó de aquel lugar, diseminándolos por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad.
Por eso se llamó Babel: allí, en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra.
Salmo responsorial
Salmo 33(32),10-11.12-13.14-15.
El Señor frustra el designio de las naciones
y deshace los planes de los pueblos,
pero el designio del Señor
permanece para siempre,
y sus planes, a lo largo de las generaciones.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.
él mira desde su trono
a todos los habitantes de la tierra;
modela el corazón de cada uno
y conoce a fondo todas sus acciones.
Evangelio
Evangelio según San Marcos 8,34-38.9,1.
Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?
¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles".
Y les decía: "Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder".
Reflexión del día
“El que quiere seguirme, que tome su cruz y me siga”
¡Tratemos de ser uno con Jesús, de reproducir Su vida en la nuestra, gritar Su doctrina sobre los techos -con nuestros pensamientos, palabras, acciones- y hacerlo reinar y vivir en nosotros! ¡Tan frecuentemente Él viene a nosotros en la Santa Eucaristía! ¡Qué establezca en nosotros Su Reino!...
Si nos da alegrías, aceptemos con reconocimiento. El Buen Pastor nos ofrece esas suaves hierbas para fortificarnos y hacernos luego capaces de seguirlo en los caminos áridos…Si tenemos cruces, besémoslas: la “santa cruz” es la gracia de las gracias, caminemos más que nunca con nuestra mano en la mano de Jesús. Aliviemos a Jesús llevando la cruz como Simón de Cirene. Nuestro Bien Amado nos invita a declararle y probarle nuestro amor…Penas del alma, sufrimiento del cuerpo, “¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo!” (Lc 6,23). Jesús nos llama, nos dice de confesarle nuestro amor y repetírselo el tiempo que dure nuestro sufrimiento…Toda cruz, pequeña o grande, toda contrariedad, son un llamado del Bien-Amado y Él nos pide una declaración de amor por el tiempo que dure la cruz… (…)
Su Voluntad, mi hermano Jesús, y no la nuestra…Nosotros no queremos pensar en nosotros, tal como si no existiéramos. Sólo pensaremos en Usted, nuestro Esposo Bien-Amado. No pedimos nada para nosotros, le pedimos Su gloria “Que Su nombre sea santificado, que Su Reino venga, que Su voluntad sea hecha” en todos Sus hijos, en todos los hombres, en nosotros. Que lo glorifiquemos lo más posible durante nuestra vida…Que hagamos Su voluntad…, que consolemos lo más posible Su Corazón… Es todo lo que queremos, es todo lo que necesitamos…
— San Carlos de Foucauld (1858-1916) Cartas (Écrits spirituels de Charles de Foucauld, ermite au Sahara, apôtre des touaregs, Gigord, 1964), trad.sc©evangelizo.org
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org