Calendario litúrgico
miércoles, 2 de febrero de 2022
La Presentación del Señor Ciclo C · Año II
Santo del día: San Nicolás Saggio · Santa Catalina de Ricci
Primera lectura
Libro de Malaquías 3,1-4.
Así habla el Señor Dios.
Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Angel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos.
¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos.
El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia.
La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.
Salmo responsorial
Salmo 24(23),7.8.9.10.
¡Puertas, levanten sus dinteles,
levántense, puertas eternas,
para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
Es el Señor, el fuerte, el poderoso,
el Señor poderoso en los combates.
¡Puertas, levanten sus dinteles,
levántense, puertas eternas,
para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria?
El Rey de la gloria es
el Señor de los ejércitos.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 2,22-40.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
Reflexión del día
¡Ofrezcamos lo mejor que tenemos!
Ofrezca su hijo, virgen consagrada, y presente al Señor el fruto bendito de su seno. Ofrezca la víctima santa que agrada a Dios, por la reconciliación de todos. (…)
Esta ofrenda, mis hermanos, es delicada. Es presentada al Señor, rescatada por la ofrenda de pájaros y recuperada de inmediato. Llegará el día en que ese hijo no será ofrecido en el Templo, ni en los brazos de Simeón, sino fuera de la ciudad en los brazos de la cruz. Llegará el día que ese hijo no será rescatado por la sangre de una víctima sino que rescatará a los otros con su sangre, porque Dios lo envió como redentor de su pueblo. El primero es el sacrificio de la mañana, el otro será el sacrificio del atardecer. Aquel será el más alegre, ya que fue ofrecido en el tiempo del nacimiento. El segundo será más pleno, ya que fue ofrecido a la plenitud de la edad. (…)
Mis hermanos, ¿qué ofrecemos, qué rendemos al Señor por todo el bien que nos hace? Ofreció por nosotros la víctima más preciosa que tenía, la más preciosa que podía llegar a tener. Nosotros también hagamos lo máximo que podemos, ofrezcamos lo mejor que tenemos, es decir, nosotros mismos. Él se ofreció a sí mismo, ¿tú dudas en ofrecerte?
¿Quién puede acordarme que tan gran majestad quiera recibir mi ofrenda? Sólo tengo dos pequeñas cosas para ofrecer, Señor, mi cuerpo y mi alma. ¡Qué te los pueda ofrece perfectamente en sacrificio de alabanza! Es un bien para mí y mucho más glorioso y útil si le es ofrecido. Porque en mí, mi alma está turbada, pero en usted, si le es realmente ofrecido, mi espíritu se estremece de alegría.
— San Bernardo (1091-1153) 3º Sermón para el Día de la Purificación de la Santa Virgen (Lectures pour chaque jour de l’année II, Prière du Temps présent, Cerf, 1971), trad. sc©evangelizo.org
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Fuente: Evangelizo.org