Calendario litúrgico
viernes, 24 de julio de 2020
Viernes de la 16a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: Beato Juan Antonio Pérez Mayo · san Francisco Solano
Primera lectura
Libro de Jeremías 3,14-17.
¡Vuelvan, hijos apóstatas -oráculo del Señor- porque yo soy el dueño de ustedes! Yo los tomaré, a uno de una ciudad y a dos de una familia, y los conduciré a Sión.
Después les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y prudencia.
Y cuando ustedes se hayan multiplicado y fructificado en el país, en aquellos días -oráculo del Señor- ya no se hablará más del Arca de la Alianza del Señor, ni se pensará más en ella; no se la recordará, ni se la echará de menos, ni se la volverá a fabricar.
En aquel tiempo, se llamará a Jerusalén "Trono del Señor"; todas las naciones se reunirán en ella, y ya no seguirán más los impulsos de su corazón obstinado y perverso.
Salmo responsorial
Libro de Jeremías 31,10.11-12ab.13.
¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas!
Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo cuidará como un pastor a su rebaño.»
Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
lo redimió de una mano más fuerte que él.
Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.
Entonces la joven danzará alegremente,
los jóvenes y los viejos se regocijarán;
yo cambiaré su duelo en alegría,
los alegraré y los consolaré de su aflicción.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 13,18-23.
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,
pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".
Reflexión del día
«El alma de Europa, cada vez más viva y generosa»
Si Europa quiere permanecer fiel a así misma, hay que unir todas las fuerzas vivas de este continente, respetando el carácter original de cada región y redescubriendo en sus raíces un espíritu común. Los países miembros de este Consejo son conscientes de no representar a toda Europa. Expresando mis deseos ardientes de ver intensificarse la cooperación ya iniciada con las otras naciones, particularmente con las del este y del centro, tengo la sensación de recoger el deseo de millones de hombres y mujeres que se saben unidos en una historia común y que esperan un destino de unidad y de solidaridad a la medida de este continente.
Durante siglos, Europa ha jugado un papel considerable en las otras partes del mundo. Hay que admitir que no siempre ha aportado lo mejor de sí misma en el encuentro con las otras civilizaciones, pero nadie puede negar que ha compartido felizmente muchos valores madurados largamente en su historia. Sus hijos han contribuido esencialmente a la difusión del mensaje cristiano. Si Europa desea desempeñar hoy su papel, tiene que fundar sus acciones claramente en aquello que tiene de más humano y de más generoso en su herencia histórica...
Mi presencia hoy ante la primera asamblea parlamentaria internacional constituida en el mundo, tengo conciencia de dirigirme a los representantes cualificados de pueblos que, en fidelidad a sus fuentes de vida, han querido unirse para afirmar su unión y para abrirse a las otras naciones de todos los continentes en el respeto a la verdad del ser humano. Puedo dar fe de la disponibilidad de los cristianos a tomar parte activa en las tareas de vuestras instituciones. Deseo a vuestro Consejo una labor fecunda para que el alma de Europa se haga cada vez más viva y generosa.
— San Juan Pablo II (1920-2005) Discurso ante el Consejo de Europa, 8 de mayo 1988
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org