Calendario litúrgico
martes, 24 de diciembre de 2019
La Natividad del Señor (Misa de medianoche) Ciclo A · Año II
Santo del día: Santos Antepasados de Jesús
Primera lectura
Libro de Isaías 9,1-6.
El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia. como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz".
Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.
Salmo responsorial
Salmo 96(95),1-2a.2b-3.11-12.13.
Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre.
Día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.
Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.
Segunda lectura
Carta de San Pablo a Tito 2,11-14.
La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado.
Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad,
mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.
El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 2,1-14.
En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo.
Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.
Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David,
para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre;
y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor,
pero el Angel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre".
Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!".
Reflexión del día
« Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador»
Hermanos, advertidos del milagro, vayamos como Moisés a ver esta cosa extraordinaria (Ex 3,3): en María, la zarza ardiendo no se consume; la Virgen da a luz sin sufrir menoscabo... ¡Corramos, pues, a Belén, la pequeña ciudad de la Buena Noticia! Y somos verdaderos pastores, si permanecemos despiertos en nuestra guardia, es a nosotros que se dirige esta voz de los ángeles que anuncian un gran gozo...: «¡Gloria a Dios en lo más alto del cielo, porque la paz baja a la tierra!». Allí donde ayer sólo había maldición, lugar de guerra y exilio, he aquí que la tierra recibe la paz, porque hoy «la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo» (Sl 84,12). Éste es el fruto que la tierra da a los hombres en recompensa de la buena voluntad que va a reinar entre los hombres (Lc 2,14). Dios se une al hombre para levantar al hombre hasta la altura de Dios.
Con esta buena nueva, hermanos, salgamos para Belén a fin de contemplar... el misterio del pesebre: un niño recién nacido envuelto en pañales descansa en un establo. Virgen después del parto, la Madre incorruptible abraza a su hijo. Repitamos con los pastores las palabras del profeta: «Lo que habíamos oído lo hemos visto en la ciudad de nuestro Dios» (Sl 47,9).
¿Pero por qué el Señor busca refugio en esta cueva de Belén? ¿Por qué dormir en un establo? ¿Por qué mezclarse con los del censo de Israel? Hermanos, el que trae la liberación al mundo viene a nacer en nuestra esclavitud de muerte. Viene a nacer en esta cueva para mostrarse a los hombres inmersos en tinieblas y sobras de muerte. Está acostado en un establo porque es él Aquel que hace crecer la hierba para el ganado (Sl 103,14), es el Pan de Vida que alimenta al hombre con un alimento espiritual para que también viva en el Espíritu... ¿Es que hay una fiesta más dichosa que la de hoy? Cristo, el Sol de justicia (ML 3,20), viene a iluminar nuestra noche. Se levanta lo que estaba caído, el que estaba vencido es liberado..., el que estaba muerto vuelve a la vida... Cantemos hoy todos a una sola voz, sobre toda la tierra: «Por un hombre, Adán, vino la muerte; por un hombre, hoy viene la salvación» (cf Rm 5,17).
— San Gregorio de Nisa (c. 335-395) Sermón sobre la Natividad, passim; PG 46, 1128
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org