Calendario litúrgico
Tuesday, 8 de May de 2012
Martes de la 5a semana de Pascua Ciclo B · Año II
Santo del día: San Amato Ronconi · Nuestra Señora de Luján · Beata Paul- Hélène Saint- Raymond
Primera lectura
Libro de Isaías 35,1-6.10.
¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!
¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo! Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.
Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes;
digan a los que están desalentados: "¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos!".
Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos;
entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa;
volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sión con gritos de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán.
Salmo responsorial
Evangelio según San Lucas 1,46-48.49-50.51-53.
María dijo entonces:
"Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Segunda lectura
Carta de San Pablo a los Efesios 1,3-14.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.
El nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.
En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia,
que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento.
El nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo,
para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo.
En él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano -según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad-
a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria.
En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de al verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido.
Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria.
Evangelio
Evangelio según San Juan 19,25-27.
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".
Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Reflexión del día
«Me voy, pero volveré»
El evangelista Juan remonta ambos sacramentos [del bautismo y de la eucaristía] a la cruz: los ve brotar del costado abierto del Señor (19,34) y descubre allí el cumplimiento de una palabra de Jesús en su discurso de despedida: "me voy y volveré " (griego). " Por lo tanto, vengo; sí, mi partida - la muerte sobre la cruz - es también mi regreso".
Mientras vivimos, nuestro cuerpo no es sólo el puente que nos úne unos a otros, es también la barrera que nos separa, nos encierra en el reducto infranqueable de nosotros mismos... Su costado abierto es el símbolo de la nueva apertura que el Señor se granjeó en la muerte. En lo sucesivo, se quita la barrera de su cuerpo: la sangre y el agua fluyen de su costado a través de la historia en un flujo inmenso; como Resucitado, es el espacio abierto que nos convida a todos.
Su vuelta no es un acontecimiento lejano, situado al final de los tiempos: comenzó a la hora de su muerte, de donde vino a nosotros, de un modo totalmente nuevo. Así, en la muerte del Señor, se cumplió el destino del grano de trigo: si no es enterrado en tierra, queda infecundo, pero si cae en tierra y muere, da mucho fruto (Jn 12,24). Todos nosotros, todavía vivimos del fruto de este grano de trigo que murió. En el pan de la eucaristía, recibimos la multiplicación inagotable de los panes del amor de Jesucristo, bastante rico para saciar el hambre de todos los siglos.
— Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI Meditaciones de Semana Santa, 1969
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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