Calendario litúrgico
viernes, 30 de septiembre de 2011
Viernes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año I
Santo del día: San Jerónimo
Primera lectura
Libro de Baruc 1,15-22.
Ustedes dirán: Al Señor, nuestro Dios, pertenece la justicia; a nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como sucede en el día de hoy; vergüenza para los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén,
para nuestros reyes y nuestros jefes, para nuestros sacerdotes, nuestros profetas y nuestros padres.
Porque hemos pecado contra el Señor,
le hemos sido infieles y no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, que nos mandaba seguir los preceptos que él puso delante de nosotros.
Desde el día en que el Señor hizo salir a nuestros padres del país de Egipto, hasta el día de hoy, hemos sido infieles al Señor, nuestro Dios, y no nos hemos preocupado por escuchar su voz.
Por eso han caído sobre nosotros tantas calamidades, así como también la maldición que el Señor profirió por medio de Moisés, tu servidor, el día en que hizo salir a nuestros padres del país de Egipto, para darnos una tierra que mana leche y miel. Esto es lo que nos sucede en el día de hoy.
Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, conforme a todas las palabras de los profetas que él nos envió.
Cada uno se dejó llevar por los caprichos de su corazón perverso, sirviendo a otros dioses y haciendo el mal a los ojos del Señor, nuestro Dios.
Salmo responsorial
Salmo 79(78),1-2.3-5.8.9.
Oh Dios, los paganos invadieron tu herencia,
profanaron tu santo Templo,
hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;
dieron los cadáveres de tus servidores
como pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra.
Derramaron su sangre como agua
alrededor de Jerusalén,
y nadie les daba sepultura.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?
¿Arderán tus celos como un fuego?
No recuerdes para nuestro mal
las culpas de otros tiempos;
compadécete pronto de nosotros,
porque estamos totalmente abatidos.
Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu Nombre.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 10,13-16.
¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió".
Reflexión del día
«El que os escucha a vosotros, a mí me escucha»
El que ha escuchado este versículo: "Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza" (Salmo 49,14), ha dicho: "Cada día, cuando me levante, me iré a la iglesia y cantaré un himno de la mañana; al final del día un himno de la noche y luego en mi casa, un tercero y cuarto himno. Así haré cada día un sacrificio de alabanza y me ofreceré a mi Dios». Es bueno hacerlo, si lo haces con verdad, pero ten cuidado de tranquilizarte con lo que haces, y... teme que, tu lengua hable bien delante de Dios y tu vida no hable mal ante él... Ten cuidado de vivir mal, hablando bien.
¿Por qué? Porque Dios dice al pecador: "¿Por qué recitas mis mandamientos y guardas mi alianza en tu boca [tú que detestas mi enseñanza]?"(V. 16-17) mirad con qué temor debemos hablaros... Vosotros, mis hermanos, que estáis seguros; si escuchas cosas buenas, Dios te escucha, independientemente de la boca que te habla. Pero Dios no ha querido dejar a aquellos que hablan, sin reprenderlos, para que no se duerman tranquilos, en una vida desordenada, diciéndose que hablan del bien, diciéndose: "Dios no querrá que nos perdamos, nosotros, por los que quería decir cosas buenas a su pueblo». Por lo tanto, vosotros los que habláis, quienquiera que seáis, escuchad lo que os digo; vosotros que queréis ser escuchados, escuchad, los primeros... Puedo escuchar el primero, puedo escuchar, escuchar mejor que todos "lo que el Señor Dios me dijo, para oír las palabras de paz a su pueblo" (Sal 84,9).
— San Agustín (354-430) Discurso sobre los salmos, Sal. 49, §23
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org