Calendario litúrgico
sábado, 14 de agosto de 2010
Sábado de la 19a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año II
Santo del día: San Maximiliano Kolbe
Primera lectura
Libro de Ezequiel 18,1-10.13b.30-32.
La palabra del Señor me llegó en estos términos:
¿Por qué andan repitiendo este refrán en la tierra de Israel: "Los padres comieron uva verde, y los hijos sufren la dentera"?
Juro por mi vida -oráculo del Señor- que ustedes nunca más dirán este refrán en Israel.
Porque todas las vidas me pertenecen, tanto la del padre como la del hijo: la persona que peca, esa morirá.
Si un hombre es justo y practica el derecho y la justicia;
si no participa de las comidas sagradas en las montañas y no levanta sus ojos hacia los ídolos de la casa de Israel; si no deshonra a la mujer de su prójimo y no se acerca a una mujer en los días de su menstruación;
si no oprime a nadie, si devuelve la prenda al deudor y no quita nada por la fuerza; si da su pan al hambriento y viste al desnudo;
si no presta con usura ni cobra intereses; si aparta su mano de la injusticia y juzga imparcialmente en los litigios;
si camina según mis preceptos y observa mis leyes, obrando con fidelidad, ese hombre es justo y seguramente vivirá -oráculo del Señor-.
Pero si engendra un hijo ladrón y sanguinario, que hace alguna de esas cosas,
que presta con usura y cobra intereses: este hijo no vivirá. A causa de todas las abominaciones que cometió, morirá irremediablemente, y su sangre recaerá sobre él.
Por eso, casa de Israel, yo los juzgaré a cada uno de ustedes según su conducta -oráculo del Señor-. Conviértanse y apártense de todas sus rebeldías, de manera que nada los haga caer en el pecado.
Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías que han cometido contra mí y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué quieres morir, casa de Israel?
Yo no deseo la muerte de nadie -oráculo del Señor-. Conviértanse, entonces, y vivirán.
Salmo responsorial
Salmo 51(50),12-13.14-15.18-19.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 19,13-15.
Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron,
pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".
Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.
Reflexión del día
«Jesús tomó a un niño y acercándolo, les dijo: 'El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí'» (Lc 9, 47-48)
Es preciso recordar que el atributo esencial de Jesús, es el que expresa su dignidad, el de «Hijo»... La orientación de su vida, el motivo originario y el objetivo que la han modelado, se expresa en una sola palabra: «Abba, Padre amado». Jesús sabía que no estaba jamás solo y que, hasta su último grito en la cruz, no hizo más que obedecer a aquel a quien llamaba Padre, y toda su vida fue enteramente un tender hacia él. Esto sólo nos permite explicar que hasta el final rechazara llamarse rey, o señor, o también atribuirse cualquier otro título de poder, pero sí que haya recorrido a un término que podríamos traducir por «niño pequeño».
Se puede, pues, decir lo siguiente: si en la predicación de Jesús la infancia ocupa un lugar tan extraordinario es porque corresponde a lo más profundo de su misterio más personal, a su filiación. Su más alta dignidad, la que nos lleva a su divinidad, no consiste finalmente en un poder que él habría usado: se funda sobre su ser orientado hacia el otro: Dios, el Padre. El exegeta alemán Joachim Jeremías dice muy bien que ser niño, en el sentido de Jesús, significa aprender a decir «Padre».
— Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI Retiro predicado en el Vaticano, 1983
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Fuente: Evangelizo.org
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