Calendario litúrgico
viernes, 9 de julio de 2010
Viernes de la 14a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año II
Santo del día: San Nicolás Pieck
Primera lectura
Libro de Oseas 14,2-10.
Así habla el Señor:
Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer.
Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: "Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios.
Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más "¡Dios nuestro!" a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión".
Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos.
Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano;
sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano.
Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano.
Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto.
¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.
Salmo responsorial
Salmo 51(50),3-4.8-9.12-13.14.17.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 10,16-23.
Jesús dijo a sus apóstoles:
"Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre."
Reflexión del día
“Os envío como corderos en medio de lobos.”
Corremos dos peligros a decir de los indígenas. El primero es que el hombre que nos conduce, después de haber recibido el dinero, nos puede dejar en un una isla desierta o nos puede tirar a la mar, para escapar al gobernador de Cantón. El segundo es que si nos lleva a Cantón y llegamos a la presencia del gobernador, éste nos inflija malos tratos o nos meta en prisión. Porque nuestro atrevimiento es inaudito. Muchos decretos prohíben a todos la entrada en China, y sin una autorización del rey y la entrada está estrictamente prohibida a los extranjeros. Fuera de estos dos peligros, hay muchos otros y mayores, ignorados por la gente del país. Sería muy largo describirlos. Pero citaré algunos.
El primero es de perder la esperanza y la confianza en la misericordia de Dios. Por su amor y por su servicio hemos salido para dar a conocer la ley de su Hijo Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador. El lo sabe bien, ya que es él, en su santa misericordia que nos ha inspirado estos deseos. Así que desconfiar de su misericordia y de su poder en medio de los peligros en los que podemos sucumbir es un peligro incomparablemente mayor que los males que nos pueden venir de los enemigos de Dios. En efecto, si su servicio lo exige, él nos guardará de los peligros de esta vida, y sin su permiso y autorización de Dios los demonios y sus ministros no pueden nada contra nosotros.
— San Francisco Javier (1506-1552) Carta 131, 22 de octubre 1552
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Fuente: Evangelizo.org
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