Calendario litúrgico
domingo, 16 de mayo de 2010
La Ascensión del Señor - Solemnidad Ciclo C · Año II
Santo del día: Vladimir Ghika · San Nimatullah Al – Hardini
Primera lectura
Libro de los Hechos de los Apóstoles 7,55-60.
Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios.
Entonces exclamó: "Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios".
Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre;
y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo.
Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu".
Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y al decir esto, expiró.
Salmo responsorial
Salmo 97(96),1.2b.6.7b.9.
¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
La Justicia y el Derecho son la base de su trono.
Los cielos proclaman su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria.
los que se glorían en dioses falsos;
Porque tú, Señor, eres el Altísimo:
estás por encima de toda la tierra,
mucho más alto que todos los dioses.
Segunda lectura
Apocalipsis 22,12-14.16-17.20.
Pronto regresaré trayendo mi recompensa, para dar a cada uno según sus obras.
Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin.
¡Felices los que lavan sus vestiduras para tener derecho a participar del árbol de la vida y a entrar por las puertas de la Ciudad!
Yo Jesús, he enviado a mi mensajero para dar testimonio de estas cosas a las Iglesias. Yo soy el Retoño de David y su descendencia, la Estrella radiante.
El Espíritu y la Esposa dicen: "¡Ven!", y el que escucha debe decir: "¡Ven!". Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua de la vida.
El que garantiza estas cosas afirma: "¡Sí, volveré pronto!". ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
Evangelio
Evangelio según San Juan 17,20-26.
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno
-yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".
Reflexión del día
“Que todos sean uno”
El auténtico ecumenismo no se da sin la conversión interior.(cf Ef 4,23) Porque los deseos de unidad brotan y maduran como fruto de la renovación de la mente, de la negación de sí mismo y de una efusión libérrima de la caridad....Recuerden todos los fieles cristianos que promoverán e incluso practicarán tanto mejor la unión cuanto más se esfuercen por vivir una vida más pura según el evangelio. Pues cuanto más estrecha sea su comunión con el Padre, el Verbo y el Espíritu, más íntima y fácilmente podrán aumentar la fraternidad mutua.
Esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones públicas y privadas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual.
Es frecuente entre los católicos reunirse para orar por la unidad de la Iglesia con aquella oración que el mismo Salvador, la víspera de su muerte, elevó ardientemente al Padre. “Que todos sean uno.” (Jn 17,21) En algunas circunstancias especiales, como son las oraciones “por la unidad”, y en las asambleas ecuménicas, es lícito e incluso deseable que los católicos se unan con los hermanos separados en la oración. Estas oraciones en común son un medio sumamente eficaz para pedir la gracia de la unidad y expresión auténtica de los vínculos que siguen uniendo a los católicos con los hermanos separados: “Donde dos o tres están reunidos, en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos. (Mt 18,20)
— Concilio Vaticano II Decreto sobre el ecumenismo “Unitatis redintegratio” 7-8
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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