Calendario litúrgico
lunes, 11 de enero de 2010
Lunes de la 1a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año II
Santo del día: San Tipaso de Tigava · Santo Tomás de Cori
Primera lectura
Primer Libro de Samuel 1,1-8.
Había un hombre de Ramataim, un sufita de la montaña de Efraím, que se llamaba Elcaná, hijo de Ierojám, hijo de Eliú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita.
El tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Peniná. Peniná tenía hijos, pero Ana no tenía ninguno.
Este hombre subía cada año desde su ciudad, para adorar y ofrecer sacrificios al Señor en Silo. Allí eran sacerdotes del Señor, Jofni y Pinjás, los dos hijos de Elí.
El día en que Elcaná ofrecía su sacrificio, daba a su esposa Peniná, y a todos sus hijos e hijas, porciones de la víctima.
Pero a Ana le daba una porción especial, porque la amaba, aunque el Señor la había hecho estéril.
Su rival la afligía constantemente para humillarla, porque el Señor la había hecho estéril.
Así sucedía año tras año cada vez que ella subía a la Casa del Señor, la otra la afligía de la misma manera. Entonces Ana se ponía a llorar y no quería comer.
Pero Elcaná, su marido, le dijo: "Ana, ¿por qué lloras y no quieres comer? ¿Por qué estás triste? ¿No valgo yo para ti más que diez hijos?".
Salmo responsorial
Salmo 116(115),12-14.17-19.
¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor
en presencia de todo su pueblo.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo.
en los atrios de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
¡Aleluya!
Evangelio
Evangelio según San Marcos 1,14-20.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo:
"El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó,
y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.
Reflexión del día
«Está cerca el Reino de Dios»
Nos conviene preguntarnos cuál fue el mensaje real de Cristo: ¿qué es lo que anunció exactamente, qué es lo que ha traído a los hombres? Nos acordaremos que san Marcos resume el mensaje de Cristo en una sola frase: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: ¡Convertíos y creed la Buena Noticia!»
«Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios». Detrás de esta frase es preciso descubrir toda la historia de Israel, este pequeño pueblo, juguete de los grandes poderosos de la tierra. Por decirlo de alguna manera había experimentado, uno tras otro, el poder de los imperios que se habían ido sucediendo en este sector de la historia; sabía hasta qué punto todo poder humano, incluido el suyo, era incapaz de proporcionarle la salvación; sabía demasiado bien que todo poder humano actúa de modo humano, es decir, demasiadas veces de manera mediocre y discutible. En medio de esta experiencia de una historia llena de decepciones, sujeciones e injusticias Israel había ardientemente aspirado a ser un reino cuyo rey ya no sería un hombre sino Dios mismo, el verdadero Amo del mundo y de la historia. Tan sólo un Reino perteneciente a este Señor, que es la Verdad y la Justicia, era capaz de traer a los hombres la salvación y el derecho. Ahora pues, el Señor viene a dar respuesta a esta espera secular proclamando: ahora se ha cumplido el plazo, ahora ha llegado el Reino de Dios...
La teología cristiana, dándose, muy pronto, cuenta del hiato existente entre esta espera y su realización, al correr de los años llega a transformar el Reino de Dios en un reino del cielo situado en el más allá. La salvación de los hombres acaba situándose en la salvación de las almas, la cual, también ella, se realizará en el más allá, después de la muerte. Pero la respuesta esperada no está ahí. Porque la grandeza del mensaje de Cristo consiste precisamente en conocer que él no habló tan sólo de las almas y del más allá, sino que se dirigió al hombre todo entero, con su corporalidad, su inserción en la historia y en la comunidad humana, y que prometió el Reino de Dios al hombre de carne y hueso que vive entre los demás hombres comprometidos en esta misma historia.
— Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI Vom Sinn des Christseins
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Fuente: Evangelizo.org
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