Calendario litúrgico
sábado, 24 de octubre de 2009
Sábado de la 29a semana del Tiempo Ordinario Ciclo B · Año I
Santo del día: San Luis Guanella · San Antonio María Claret
Primera lectura
Carta de San Pablo a los Romanos 8,1-11.
Por lo tanto, ya no hay condenación para aquellos que viven unidos a Cristo Jesús.
Porque la ley del Espíritu, que da la Vida, me libró, en Cristo Jesús, de la ley del pecado y de la muerte.
Lo que no podía hacer la Ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios lo hizo, enviando a su propio Hijo, en una carne semejante a la del pecado, y como víctima por el pecado. Así él condenó el pecado en la carne,
para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que ya no vivimos conforme a la carne sino al espíritu.
En efecto, los que viven según la carne desean lo que es carnal; en cambio, los que viven según el espíritu, desean lo que es espiritual.
Ahora bien, los deseos de la carne conducen a la muerte, pero los deseos del espíritu conducen a la vida y a la paz,
porque los deseos de la carne se oponen a Dios, ya que no se someten a su Ley, ni pueden hacerlo.
Por eso, los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios.
Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo.
Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia.
Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
Salmo responsorial
Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;
él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 13,1-9.
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
El les respondió: "¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.
¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera".
Les dijo también esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró.
Dijo entonces al viñador: 'Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?'.
Pero él respondió: 'Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré.
Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'".
Reflexión del día
«Escoge, pues, la vida» (Dt 30,19)
Hay dos caminos: uno el de la vida, otro el de la muerte; pero entre los dos hay una gran diferencia. Pues bien, el camino de la vida es el siguiente: Primero amarás a Dios que te ha creado; en segundo lugar, amarás a tu prójimo como a ti mismo; y lo que no quieres que te hagan a ti, no lo hagas tampoco tú a los demás. Y esta es la enseñanza que viene de estas palabras: Bendecid a los que os maldicen, pedid por vuestros enemigos, ayunad por los que os persiguen. ¿Qué mérito tiene, en efecto, amar a los que os aman? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por eso vosotros amad a los que os odian y no tendréis enemigos. Abstente de los deseos carnales y corporales...
El segundo mandamiento de la doctrina es éste: No matarás, no serás un adúltero, no seducirás a los muchachos, no cometerás ni fornicación, ni robo, ni magia, ni envenenamiento; no matarás bajo ningún pretexto a niños ni por aborto o después de nacer; no desearás los bienes de tu prójimo. No perjurarás, ni dirás falso testimonio, ni mantendrás propuestas difamatorias, ni guardarás rencor. No tendrás dos maneras de pensar ni dos palabras: porque la duplicidad en el lenguaje es una trampa mortal. Tu palabra no será mentirosa, ni vana, sino efectiva. No serás ni avaro, ni rapaz, ni hipócrita, ni malvado, ni orgulloso; no tendrás malos proyectos contra tu prójimo. No debes odiar a nadie, sino que debes reprender a uno y orar por ellos, y amar a los demás más que a tu propia vida.
Hijo mío, huye del mal y de todo lo que se parece al mal... Vigila que nadie te desvíe de este camino de la doctrina, porque éste tal te enseña lejos de Dios. Si puedes llevar todo entero el yugo del Señor, serás perfecto; si no, por lo menos haz lo que esté en tu mano.
Referencias bíblicas: Mt 22,37s; 7,12; Tb 4,15; Mt 5,44s; 1P 2,11; Ex 20; Mt 24,4)
— La Didajé (c. 60-120) § 1-6
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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