Calendario litúrgico
sábado, 22 de agosto de 2009
Sábado de la 20a semana del Tiempo Ordinario Ciclo B · Año I
Santo del día: Beato Simeón Lukac
Primera lectura
Libro de Rut 2,1-3.8-11.4,13-17.
Noemí tenía, por parte de su esposo, un pariente muy rico llamado Booz, de la familia de Elimélec.
Rut, la moabita, dijo una vez a Noemí: "Déjame ir a recoger espigas al campo, detrás de alguien que me haga ese favor". "Puedes ir, hija mía", le respondió ella.
Entonces Rut se puso a recoger espigas en el campo, detrás de los que cosechaban, y tuvo la suerte de hacerlo en una parcela perteneciente a Booz, el de la familia de Elimélec.
Entonces Booz dijo a Rut: "¡Oyeme bien, hija mía! No vayas a recoger espigas a otro campo ni te alejes para nada de aquí; quédate junto a mis servidores.
Fíjate en qué terreno cosechan y ve detrás de ellos. Ya di orden a mis servidores para que no te molesten. Si tienes sed, ve a beber en los cántaros el agua que ellos saquen".
Rut se postró con el rostro en tierra y exclamó: "¿Por qué te he caído en gracia para que te fijes en mí, si no soy más que una extranjera?".
Booz le respondió: "Me han contado muy bien todo lo que hiciste por tu suegra después que murió tu marido, y cómo has dejado a tu padre, a tu madre y tu tierra natal, para venir a un pueblo desconocido.
Booz se casó con Rut y se unió a ella. El Señor hizo que ella concibiera y diera a luz un hijo.
Entonces las mujeres dijeron a Noemí: "¡Bendito sea el Señor, que hoy no te deja faltar quien responda por ti! Su nombre será proclamado en Israel.
El te reconfortará y será tu apoyo en la vejez, porque te lo ha engendrado tu nuera que te quiere tanto y que vale para ti más que siete hijos".
Noemí tomó al niño, lo puso sobre su regazo y se encargó de criarlo.
Las vecinas le dieron su nombre, diciendo: "Le ha nacido un hijo a Noemí", y lo llamaron Obed. Este fue el padre de Jesé, el padre de David.
Salmo responsorial
Salmo 128(127),1-2.3.4.5.
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.
Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.
¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 23,1-12.
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
"Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;
les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".
Reflexión del día
«El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será ensalzado»
La humildad es una fuerza secreta que reciben los santos cuando han sabido llevar bien la ascesis de su vida. En efecto, este poder no se da si no a los que llegan a la perfección de la virtud por la fuerza de la gracia... Es el mismo poder que recibieron los bienaventurados apóstoles en forma de fuego. En efecto, el Salvador les había ordenado que no se marcharan de Jerusalén hasta que no recibieran la fuerza de lo alto (Hch 2,3; 1,4). Jerusalén significa aquí la virtud. El poder es la humildad. Y la fuerza de lo alto es el Paráclito, es decir, el Espíritu Consolador.
Ahora bien, esto es lo mismo que había dicho la Escritura Santa: los misterios se revelan a los humildes. Es a los humildes a los que se les concede recibir este Espíritu de las revelaciones que les descubre los misterios. Por eso los santos han dicho que la humildad es la que realiza en las almas la contemplación divina. Que nadie, pues, se imagine que ha alcanzado la talla suficiente de humildad porque en algún momento le haya venido un pensamiento de compunción, o porque haya derramado algunas lágrimas... Sino que si un hombre ha vencido a todos los espíritus contrarios..., si cuando ha derrotado o sometido todas las fuerzas enemigas, entonces siente que ha recibido esta gracia, cuando «el Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde» (Rm 8,16) según la misma palabra del apóstol Pablo, ésta es la perfección de la humildad. Bienaventurado el que la posee. Porque siempre se apoya en el pecho de Jesús (cf. Jn 13,25).
— Isaac el Sirio (siglo VII) Discursos ascéticos, 1ª serie, nº 20
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Fuente: Evangelizo.org
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