Calendario litúrgico
lunes, 8 de junio de 2009
Lunes de la Décima semana del Tiempo Ordinari Ciclo B · Año I
Santo del día: Santa Madre Mariam Thresa Mankidiyan
Primera lectura
Carta II de San Pablo a los Corintios 1,1-7.
Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, junto con todos los santos que viven en la provincia de Acaya.
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo,
que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios.
Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo.
Si sufrimos, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, también es para consuelo de ustedes, y esto les permite soportar con constancia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos.
Por eso, tenemos una esperanza bien fundada con respecto a ustedes, sabiendo que si comparten nuestras tribulaciones, también compartirán nuestro consuelo.
Salmo responsorial
Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.
Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!
Evangelio
Evangelio según San Mateo 5,1-12.
Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
"Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."
Reflexión del día
«Aprended de mí»
¿Qué es seguir, si no imitar? La prueba es que Cristo ha sufrido por nosotros dejándonos un ejemplo, como dice el Apóstol, para que sigamos sus huellas (1P 2, 21).
Bienaventurados los pobres en el espíritu.
Imitad al que por vosotros se ha hecho pobre para haceros ricos(2Co 8, 9)
Bienaventurados los suaves.
Imitad al que ha dicho: aprended de mí que soy suave y humilde de corazón ( Mt 11,29).
Bienaventurados los que lloran.
Imitad al que llora por Jerusalén ( Lc 19, 41)
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.
Imitad al que ha dicho: « mi alimento es hacer la voluntad del que me envió» (Jn 4, 34).
Bienaventurados los misericordiosos.
Imitad al que socorre al que los bandidos han herido en el camino, dejándolo medio muerto y desesperado.
Bienaventurados los puros de corazón.
Imitad al que no cometió pecado ni se encontró mentira en su boca ( 1 P 2, 22).
Bienaventurados los pacíficos.
Imitad al que ha dicho a favor de sus perseguidores: «Padre perdónalos porque no saben lo que hacen2 ( Lc 23, 24)
Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia.
Imitad al que ha sufrido por vosotros dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.
Te veo Jesús bueno, con los ojos de la fe que tu has abierto en mí, te veo gritando y diciendo , como si tu arengabas al género humano: «Venid a mí y aprended en mi escuela».
— San Agustín (354-430) Tratado sobre la Virginidad, 27,35 ; PL 40, 411,416
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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