Calendario litúrgico
miércoles, 25 de febrero de 2009
Miércoles de Ceniza Ciclo B · Año I
Santo del día: Beata María Ludovica de Ángelis
Primera lectura
Libro de Joel 2,12-18.
Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos.
Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de tus amenazas.
¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios!
¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne,
reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!
Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: "¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?".
El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.
Salmo responsorial
Salmo 51(50),3-4.5-6a.12-13.14.17.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Segunda lectura
Carta II de San Pablo a los Corintios 5,20-21.6,1-2.
Hermanos:
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios.
A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.
Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios.
Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.
Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Reflexión del día
«En el nombre de Cristo os lo pedimos: dejaos reconciliar con Dios» (2 C 5,20)
En los orígenes, en la Iglesia primitiva la cuaresma era el tiempo privilegiado para la preparación de los catecúmenos a los sacramentos del bautismo y de la eucaristía que se iban a celebrar en el curso de la vigilia pascual. La cuaresma era el tiempo de volverse cristiano, el cual no se realiza en un único momento sino que exige un largo recorrido de conversión y renovación. Los que ya estaban bautizados se unían a esta preparación desvelando en ellos el recuerdo del sacramento ya recibido y disponiéndose para una renovada comunión con Cristo en la gozosa celebración de la Pascua. Así la cuaresma tenía, y conserva hasta hoy, un carácter bautismal, en el sentido que ayuda a mantener despierta la conciencia de que ser cristiano se realiza siempre como un nuevo despertar: ser cristiano no es nunca un hecho ya terminado que se encontraría detrás nuestro, sino un camino que exige siempre un nuevo ponerse en acto.
El celebrante, al imponernos la ceniza en la frente, nos dice «acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás» (Gen 3,19), o bien, repitiendo la exhortación de Jesús, «convertíos y creed en el Evangelio» (Mt 1,15). Las dos fórmulas constituyen una misma llamada a la verdad de la existencia humana: somos criaturas limitadas, pecadores en necesidad constante de penitencia y de conversión. ¡Cuán importante es hoy escuchar y acoger esta llamada! El hombre contemporáneo, al proclamar su completa autonomía frente a Dios, se hace esclavo de sí mismo y a menudo se encuentra en una desolada soledad. La invitación a la conversión, es entonces, una invitación a regresar a los brazos de Dios, Padre lleno de ternura y misericordia, a poner en él nuestra confianza como hijos adoptivos regenerados por su amor... «Convertirse» pues, quiere decir dejarse conquistar por Jesús (Flp 3,12) y, con él, «volver» al Padre. La conversión implica así el ponerse humildemente a la escuela de Jesús, y caminar dócilmente tras sus huellas.
— Benedicto XVI Audiencia general del 06/02/08
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Fuente: Evangelizo.org
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