Calendario litúrgico
miércoles, 18 de febrero de 2009
Miércoles de la 6a semana del Teimpo Ordinario Ciclo B · Año I
Santo del día: Santa Gertrudis (Caterina) Comensoli · Santa Bernardita Soubirous
Primera lectura
Libro de Génesis 8,6-13.20-22.
Al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana que había hecho en el arca,
y soltó un cuervo, el cual revoloteó, yendo y viniendo hasta que la tierra estuvo seca.
Después soltó una paloma, para ver si las aguas ya habían bajado.
Pero la paloma no pudo encontrar un lugar donde apoyarse, y regresó al arca porque el agua aún cubría toda la tierra. Noé extendió su mano, la tomó y la introdujo con él en el arca.
Luego esperó siete días más, y volvió a soltar la paloma fuera del arca.
Esta regresó al atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo. Así supo Noé que las aguas habían terminado de bajar.
Esperó otros siete días y la soltó nuevamente. Pero esta vez la paloma no volvió.
La tierra comenzó a secarse en el año seiscientos uno de la vida de Noé, el primer día del mes. Noé retiró el techo del arca, y vio que la tierra se estaba secando.
Luego Noé levantó un altar al Señor, y tomando animales puros y pájaros puros de todas clases, ofreció holocaustos sobre el altar.
Cuando el Señor aspiró el aroma agradable, se dijo a sí mismo: "Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque los designios del corazón humano son malos desde su juventud; ni tampoco volveré a castigar a todos los seres vivientes, como acabo de hacerlo.
De ahora en adelante, mientras dure la tierra, no cesarán la siembra y la cosecha, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche".
Salmo responsorial
Salmo 116(115),12-13.14-15.18-19.
¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor
en presencia de todo su pueblo.
¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo.
en los atrios de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
¡Aleluya!
Evangelio
Evangelio según San Marcos 8,22-26.
Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara.
El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: "¿Ves algo?".
El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: "Veo hombres, como si fueran árboles que caminan".
Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad.
Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: "Ni siquiera entres en el pueblo".
Reflexión del día
«Jesús impuso las manos sobre los ojos del hombre ciego»
El espejo pasa; el espejo borra. En efecto, el que «ilumina a todo hombre viniendo al mundo» (Jn 1,9) es el verdadero espejo del Padre. Cristo pasa en cuanto es espejo del Padre (Hb 1,3) y deja lejos la ceguera de los ojos de los que no ven. Cristo, que viene del cielo, pasa, a fin de que toda carne le vea, según la palabra profética del anciano Simeón, que recibió en sus brazos al Verbo recién nacido y lo contempló con alegría cuando dijo: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz porque mis ojos han visto a tu Salvador» (Lc 2,29-30).
El ciego, solo, no podía ver a Cristo, espejo del Padre. ¿Cuál fue, pues, la fidelidad de lo que lo que los profetas había anunciado: «Los ojos de los ciegos se abrirán, los oídos de los sordos oirán, el cojo saltará como el ciervo y la lengua de los mudos se desatará»? (Is 35,5-6). Cristo desenganchó los ojos del ciego y en Cristo vio al espejo del Padre. ¡Maravilloso remedio contra la naturaleza!...
El primer hombre fue creado luminoso, y se encontró ciego cuando dejó a la serpiente: este ciego se puso en condiciones de renacer cuando creyó. Su cuerpo estaba enfermo, pero también su naturaleza se había corrompido. Tenía una doble necesidad de luz...El artista, su Creador, pasó y reflejó en el espejo esta imagen del hombre caído, al ver la miseria del ciego. Milagro de la fuerza de Dios que cura lo que ve e ilumina lo que visita.
— Homilía atribuida a San Fulgencio de Ruspe (467-532)
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Fuente: Evangelizo.org
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