Calendario litúrgico
domingo, 30 de noviembre de 2008
1er domingo de Adviento Ciclo B · Año I
Santo del día: Beato Ludovico Roque Gietyngier
Primera lectura
Libro de Isaías 63,16b-17.19b.64,2b-7.
Tú, Señor, eres nuestro padre, "nuestro Redentor" es tu Nombre desde siempre!
¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia!
¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti!
Cuando hiciste portentos inesperados,
que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en él.
Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos. Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti.
Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento.
No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas.
Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tu, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos!
Salmo responsorial
Salmo 80(79),2ac.3b.15-16.18-19.
Escucha, Pastor de Israel,
Tú que tienes el trono sobre los querubines,
reafirma tu poder y ven a salvarnos.
Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid,
la cepa que plantó tu mano,
el retoño que Tú hiciste vigoroso.
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,
al hombre que Tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
Segunda lectura
Carta I de San Pablo a los Corintios 1,3-9.
Hermanos:
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que él les ha concedido en Cristo Jesús.
En efecto, ustedes han sido colmados en él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento,
en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes.
Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia.
El los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo.
Porque Dios es fiel, y él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
Evangelio
Evangelio según San Marcos 13,33-37.
En aquél tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento.
Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana.
No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.
Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!".
Reflexión del día
«Estad atentos, vigilad: porque no sabéis cuando vendrá el momento»
Es necesario tener siempre en cuenta la doble venida de Cristo: una, cuando él vendrá y nosotros deberemos rendirle cuentas de todo lo que habremos hecho; otra, la cotidiana, cuando visita incisamente nuestra conciencia y viene a nosotros, a fin de encontrarnos a punto en el momento de su venida. En efecto ¿de qué me sirve conocer el día del juicio, siendo como soy consciente de tantos pecados? ¿De qué saber que el Señor viene, si primero no viene a mi corazón y no vuelve a mi espíritu, si Cristo no vive y no habla en mí? Entonces, sí, es bueno que Cristo venga a mí, si ante todo vive en mí y yo en él. Entonces es para mí como si la segunda venida ya se hubiera realizado, puesto que la desaparición del mundo es real en mí porque, en cierta manera, puedo decir: «El mundo está crucificado para mí y yo para el mundo» (Gal 6,14).
Reflexionad también sobre esta palabra de Jesús: «Muchos vendrán en mi nombre» (Mt 24,5). Sólo el Anticristo se apodera de este nombre, aunque sea mentira... En ningún pasaje de la Escritura encontraréis que el Señor haya declarado: «Yo soy el Cristo». Porque le era suficiente mostrar que lo era a través de sus enseñanzas y sus milagros, porque el Padre estaba actuando en él. La enseñanza de su palabra y su poder clamaban: «Yo soy el Cristo», de manera más fuerte que si lo hubieran proclamado millares de voces. Yo no sé si podréis encontrar que lo ha dicho en palabras, pero lo ha demostrado «llevando a cabo las obras del Padre» (Jn 5,35) y dando una enseñanza impregnada de piedad filial. Los falsos mesías estaban desprovistos de ellas, no podían emplear más que sus palabras sostenidas por sus pretensiones mentirosas.
— San Pascasio Radbert (¿- c. 849) Comentario al evangelio de Mateo, 11, 24; PL 120, 799
Homilías de los papas
Elige un papa para leer su palabra sobre este evangelio (Mc 13,33-37).
Aún no hay un extracto seleccionado de León XIV para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de León XIV en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Francisco para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Francisco en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Benedicto XVI para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Benedicto XVI en vatican.va →Aún no hay un extracto seleccionado de Juan Pablo II para este evangelio. Puedes explorar su archivo oficial de homilías:
Ver todas las homilías de Juan Pablo II en vatican.va →Los extractos son citas breves; el texto íntegro es © Libreria Editrice Vaticana. Enlazamos a la fuente oficial en cada caso.
Fuente: Evangelizo.org
Página permanente de este evangelio (por su día litúrgico y ciclo) →