Calendario litúrgico
viernes, 28 de noviembre de 2008
Viernes de la 34a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: Santa Catalina Labouré
Primera lectura
Apocalipsis 20,1-4.11-15.21,1-2.
Yo, Juan, vi que un Angel descendía del cielo, llevando en su mano la llave del Abismo y una enorme cadena.
El capturó al Dragón, la antigua Serpiente -que es el Diablo o Satanás- y lo encadenó por mil años.
Después lo arrojó al Abismo, lo cerró con llave y lo selló, para que el Dragón no pudiera seducir a los pueblos paganos hasta que se cumplieran los mil años. Transcurridos esos mil años, será soltado por un breve tiempo.
Entonces vi unos tronos, y los que se sentaron en ellos recibieron autoridad para juzgar. También vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían adorado a la Bestia ni a su imagen, ni habían recibido su marca en la frente o en la mano. Ellos revivieron y reinaron con Cristo durante mil años.
Después vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia, el cielo y la tierra desaparecieron sin dejar rastros.
Y vi a los que habían muerto, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros, y también fue abierto el Libro de la Vida; y los que habían muerto fueron juzgados de acuerdo con el contenido de los libros; cada uno según sus obras.
El mar devolvió a los muertos que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado según sus obras.
Entonces la Muerte y el Abismo fueron arrojados al estanque de fuego, que es la segunda muerte.
Y los que no estaban inscritos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego.
Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Salmo responsorial
Salmo 84(83),3.4.5-6a.8a.
Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.
Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido
donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor del universo,
mi Rey y mi Dios.
¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 21,29-33.
Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:
"Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán."
Reflexión del día
“..cuando veáis realizarse estas cosas, sabed que el reino de Dios está cerca.” (Lc 21,31)
“En él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28). Dichoso aquel que vive para él, que es movido por él, que vive gracias a él. Me preguntaréis, ya que las huellas de su venida no se pueden descubrir ¿cómo sé yo que está presente? Es porque él es vivo y eficaz (Hb 4,12). A penas llega a mi alma, me despierta de mi sueño. Ha vivificado, excitado y enternecido mi corazón que estaba amodorrado y duro como una piedra (Ez 36,26). Ha empezado a arrancar, a escarbar, a construir y a plantar, a regar mi sequedad, a esclarecer mis tinieblas, a abrir lo que estaba cerrado, a inflamar lo que estaba frío y también a enderezar los caminos tortuosos y allanar lo escabroso de mi alma, (cf Is 40,4) de manera que pueda “bendecir al Señor y que todo lo que hay en mí bendiga su santo nombre” (cf Sal 102,1).
El Verbo-Esposo ha venido a mí más de una vez, sin dar señales de su irrupción... Gracias al movimiento de mi corazón me doy cuenta que está allí. He reconocido su fuerza y su poder porque mis vicios y mis pasiones se apaciguaron. La puesta en discusión o en cuestión de mis sentimientos oscuros me ha conducido a admirar la profundidad de su sabiduría. He experimentado su dulzura y su bondad en el ligero progreso de mi vida. Y viendo “renovándose el hombre interior”, (cf 2Cor 4,16) mi espíritu en lo más íntimo de mí mismo, he descubierto algo de su belleza. Al contemplar todo esto en su conjunto, estremezco ante la inmensidad de su grandeza.
— San Bernardo (1091-1153) Sermón sobre el Cantar de los Cantares 74,6
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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