Calendario litúrgico
Wednesday, 17 de September de 2008
Miércoles de la 24a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: Santa Hildegarda de Bingen · San Sátiro de Milán
Primera lectura
Carta I de San Pablo a los Corintios 12,31.13,1-13.
Hermanos:
Aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía.
Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,
no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,
no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá;
porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.
Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.
Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño,
pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.
En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.
Salmo responsorial
Salmo 33(32),2-3.4-5.12.22.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
entonen para él un canto nuevo,
toquen con arte, profiriendo aclamaciones.
Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 7,31-35.
Dijo el Señor: «¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen?
Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: '¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.
Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: '¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!'.
Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.»
Reflexión del día
«Adán, ¿dónde estás?» (Gn 3,9): responder a las llamadas del Señor
Mi alma desfallece por el Señor, y le busco con lágrimas. ¿Cómo podría no buscarte? Tú has sido el primero en encontrarme. Me has dado poder vivir la dulzura de tu Espíritu, y mi alma te ha amado. Tú, Señor, ves mis penas y mis lágrimas. Si tú no me hubieras atraído con tu amor, no te buscaría así como te busco. Pero tu Espíritu me ha concedido poderte conocer, y mi alma se regocija de que tú seas mi Dios y mi Señor y, hasta derramar lágrimas languidece por ti.
Señor misericordioso, tú ves mi caída y mi dolor; pero humildemente imploro tu clemencia: derrama sobre mí, pecador como soy, la gracia de tu Espíritu. Su recuerdo lleva a mi espíritu a encontrar de nuevo tu misericordia. Señor, dame tu Espíritu para que no pierda de nuevo tu gracia, y que no me lamente, como Adán, que lloraba haber perdido a Dios y al Paraíso.
El Espíritu de Cristo, que el Señor me ha dado, quiere la salvación de todos, desea que todos conozcan a Dios. El Señor ha dado el Paraíso al ladrón; igualmente lo dará a todo pecador. Por mis pecados soy peor que un perro sarnoso, pero he pedido al Señor que me los perdone y me ha concedido no sólo su perdón sino también el Santo Espíritu. Y en el Santo Espíritu, he conocido a Dios...
El Señor es misericordioso; esto, lo sabe mi alma, pero es imposible describirlo. Es infinitamente manso y humilde, y cuando el alma lo ve, toda ella se transforma en amor de Dios y del prójimo; ella misma se convierte en mansa y humilde. Pero si el hombre pierde la gracia, llorará tal como lo hizo Adán cuando fue echado del Paraíso... Danos, Señor, el arrepentimiento de Adán y tu santa humildad.
— Siluan (1886-1938) Escritos
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Fuente: Evangelizo.org
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