Calendario litúrgico
Tuesday, 2 de September de 2008
Martes de la 22a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: Beato Pedro Jacobo María Vitalis · Beato Guillaume-Antoine Delfaud S.J.
Primera lectura
Carta I de San Pablo a los Corintios 2,10b-16.
Hermanos:
El Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios.
¿Quién puede conocer lo más íntimo del hombre, sino el espíritu del mismo hombre? De la misma manera, nadie conoce los secretos de Dios, sino el Espíritu de Dios.
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que reconozcamos los dones gratuitos que Dios nos ha dado.
Nosotros no hablamos de estas cosas con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino con el lenguaje que el Espíritu de Dios nos ha enseñado, expresando en términos espirituales las realidades del Espíritu.
El hombre puramente natural no valora lo que viene del Espíritu de Dios: es una locura para él y no lo puede entender, porque para juzgarlo necesita del Espíritu.
El hombre espiritual, en cambio, todo lo juzga, y no puede ser juzgado por nadie.
Porque ¿quién penetró en el pensamiento del Señor, para poder enseñarle? Pero nosotros tenemos el pensamiento de Cristo.
Salmo responsorial
Salmo 145(144),8-9.10-11.12-13ab.13cd-14.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.
Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre.
El Señor es fiel en todas sus palabras
y bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que caen
y endereza a los que están encorvados.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 4,31-37.
Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados.
Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza;
"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".
Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño.
El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!".
Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.
Reflexión del día
«¿Cuál es esta palabra?»
Ese instante al que la Biblia llama «el principio» nos indica a Aquel que tenía el poder de crear al ser y decir: «¡Que exista!» y existió (Gn 1,1-3)... Esta palabra «¡Que exista!» no ha engendrado a un magma caótico. Cuanto más conocemos el universo, tanto más encontramos en él una racionalidad cuyos caminos, recorridos por el pensamiento, nos maravillan. Es a través de éstos que descubrimos al Espíritu al que igualmente debemos la razón. Albert Einstein escribió que en las leyes de la naturaleza «se manifiesta una razón tan superior que, toda racionalidad del pensamiento y del querer humano parecen ser, si se le comparan, un reflejo absolutamente insignificante».
Constatamos que, el universo infinitamente grande de las estrellas, se rige por el poder de una Razón [Logos]. Pero nosotros aprendemos de ello igualmente, y aún más, de lo que es infinitamente pequeño, de la célula, de los elementos fundamentales de lo vivo. Es ahí donde descubrimos una racionalidad que nos sorprende, de tal manera que nos hace decir con san Buenaventura: «Quien no ve esto es que es ciego. Quien no lo oye es que es sordo. Y el que aquí no se pone a orar y alabar al Espíritu creador, es que es mudo»...
A través de la racionalidad de la creación, nos mira Dios mismo. La física y la biología, todas las ciencias en general, nos ofrecen un relato de la creación nuevo e inaudito. Estas grandes y nuevas imágenes nos dan a conocer el rostro del Creador. Nos recuerdan, sí, que en el rincipio y en el fondo de todo ser allí está el Espíritu creador. El mundo no salió de las tinieblas ni del absurdo. Brotó de la inteligencia, de la libertad, de la belleza que es amor. Ver todo esto nos alienta y nos permite vivir y nos hace capaces de tomar confiadamente, sobre nuestros hombros, la aventura de la vida.
— Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI Sermones de la Cuaresma de 1981
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Fuente: Evangelizo.org
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