Calendario litúrgico
Monday, 1 de September de 2008
Lunes de la 22a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: San Gil (Egidio)
Primera lectura
Carta I de San Pablo a los Corintios 2,1-5.
Hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría.
Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado.
Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante.
Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu,
para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Salmo responsorial
Salmo 119(118),97.98.99.100.101.102.
¡Cuánto amo tu Ley!
todo el día la medito!
Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos,
porque siempre me acompañan.
Soy más prudente que todos mis maestros,
porque siempre medito tus prescripciones.
Soy más inteligente que los ancianos,
porque observo tus preceptos.
Yo aparto mis pies del mal camino,
para cumplir tu palabra.
No me separo de tus juicios,
porque eres tú el que me enseñas.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 4,16-30.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?".
Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún".
Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
Reflexión del día
Por la fe recibir la curación y entrar en la verdadera vida
Naaman era de Siria, estaba enfermo de lepra y nadie podía curarle... Se fue a Israel y Eliseo le ordenó bañarse siete veces en el Jordán. Entonces Naaman se puso a pensar: los ríos de su patria tenía un agua, mejor que aquella, en la que él mismo se había bañado y nunca le purificó de su lepra... Pero se bañó y, purificado inmediatamente, comprendió que la purificación no venía del agua, sino de la gracia...
Es por eso que se te ha dicho en tu bautismo: no creas solamente lo que ves, porque también tú podrás decir como Naaman: ¿Es este el gran misterio «que ni el ojo vio, ni el oyó, ni el hombre puede pensar?» (1C 2,9). ¡Veo el agua, tal como la veía todos los días! ¿Me puede purificar siendo así que a menudo he bajado a ella y jamás he sido purificado? Aprende por ahí que el agua no purifica sin el Espíritu?
Es por eso que has leído que en el bautismo son «tres los testigos en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo» (1Jn 5,7-8). Porque si apartas uno solo, el sacramento del bautismo desaparece. En efecto ¿qué es el agua sin la cruz de Cristo? Un elemento ordinario, sin ningún poder sacramental. E igualmente, sin agua no hay misterio del nuevo nacimiento porque «el que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3,5). El catecúmeno cree en la cruz del Señor Jesús cuyo signo ha recibido, pero si no ha sido bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, no puede recibir el perdón de sus pecados ni acoger el don de la gracia espiritual.
El sirio Naamán se sumergió siete veces según la Ley, pero tú has sido bautizado en el nombre de la Trinidad. Has confesado tu fe en el Padre, has confesado tu fe en el Hijo, tu fe en el Espíritu Santo. No olvides la sucesión de estos hechos. En esta fe has muerto al mundo, has resucitado para Dios.
— San Ambrosio (c. 340-397) Los Misterios 16-21
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Fuente: Evangelizo.org
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