Calendario litúrgico
viernes, 15 de agosto de 2008
La Asunción de la Bienaventurada Virgen María Ciclo A · Año II
Santo del día: San Esteban de Hungría
Primera lectura
Apocalipsis 11,19a.12,1-6a.10ab.
En ese momento se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de su Alianza, y hubo rayos, voces, truenos y un temblor de tierra, y cayó una fuerte granizada.
Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.
Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz.
Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema.
Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.
La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono,
y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio para que allí fuera alimentada durante mil doscientos sesenta días.
Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: "Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.
Salmo responsorial
Salmo 45(44),10bc.11.12ab.16.
Es la reina, adornada con tus joyas
y con oro de Ofir.
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él;
Con gozo y alegría entran al palacio real.
Segunda lectura
Carta I de San Pablo a los Corintios 15,20-26.
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo,
cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida.
En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder.
Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies.
El último enemigo que será vencido es la muerte,
Evangelio
Evangelio según San Lucas 1,39-56.
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
Reflexión del día
«Enaltece a los humildes»
Era necesario que la Virgen fuera asociada a su Hijo en todo lo que concierne a nuestra salvación. Así como ella le hizo participar de su carne y sangre..., de igual manera tuvo su parte en todos los sufrimientos y todas sus angustias... Ella ha sido la primera cuya muerte ha sido semejante a la del Salvador por una muerte semejante a la suya (Rm 6,5). Por esta misma razón, antes que todos los demás, ella ha tenido parte en su resurrección. En efecto, después que el Hijo rompió la tiranía del infierno, tuvo la dicha de verle resucitado y ser saludada por él, y ella le acompañó tanto como pudo hasta que se marchó al cielo. Después de su ascensión, ocupó el sitio que el Salvador había dejado vacío entre sus apóstoles y otros discípulos... Su madre ¿no merecía esto más que cualquier otra?
Pero convenía que esta alma tan santa se separara de este cuerpo muy sagrado. Lo abandonó y se unió al alma de su Hijo, ella, una luz creada a la luz sin principio. Y su cuerpo, después de haber permanecido algún tiempo en la tierra, fue llevado al cielo. En efecto, era preciso que siguiera todos los caminos que el Salvador había recorrido, que resplandeciera para los vivos y para los muertos, que santificara la naturaleza en todas las formas y que recibiera seguidamente el lugar que le pertenecía. El sepulcro, pues, la guardó por algún tiempo, después el cielo recogió esta tierra nueva, este cuerpo espiritual, este tesoro de nuestra vida, más digno que los ángeles, más santo que los arcángeles. Y el trono fue devuelto al rey, al paraíso el árbol de la vida, al mundo la luz, al árbol su fruto, a la Madre el Hijo: era perfectamente digna de ello puesto que lo había engendrado.
Oh bienaventurada, ¿quién encontrará palabras capaces de expresar los beneficios que has recibido del Señor y los que tú has prodigado a la humanidad?... Tus maravillas sólo pueden dar su esplendor allá arriba, en este «cielo nuevo» y esta «tierra nueva» (Ap 21,1), donde brilla el Sol de justicia (Ml 3,20) que las tinieblas no pueden seguir ni preceder. El mismo Señor proclama tus maravillas mientras los ángeles te aclaman.
— Nicolás Cabasilas (c. 1320-1363) Homilía sobre la Dormición de la Madre de Dios
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Fuente: Evangelizo.org
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