Calendario litúrgico
sábado, 9 de agosto de 2008
Sábado de la 18a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: Santa Edith Stein
Primera lectura
Libro de Habacuc 1,12-17.2,1-4.
¿No eres tú, Señor, desde los tiempos antiguos, mi Dios, mi Santo, que no muere jamás? Tú, Señor, pusiste a ese pueblo para hacer justicia, tú, mi Roca, lo estableciste para castigar.
Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión. ¿Por qué, entonces, contemplas a los traidores y callas cuando el impío devora a uno más justo que él?
¡Tú tratas a los hombres como a los peces del mar, como a reptiles, que no tienen jefe!
¡El los pesca a todos con el anzuelo, los barre y los recoge con sus redes! Por eso se alegra y se regocija,
y ofrece sacrificios e incienso a sus redes, porque gracias a ellas su porción es abundante y sus manjares, suculentos.
¿Vaciará sus redes sin cesar, masacrando a los pueblos sin compasión?
Me pondré en mi puesto de guardia y me apostaré sobre el muro; vigilaré para ver qué me dice el Señor, y qué responde a mi reproche.
El Señor me respondió y dijo: Escribe la visión, grábala sobre unas tablas para que se la pueda leer de corrido.
Porque la visión aguarda el momento fijado, ansía llegar a término y no fallará; si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente, y no tardará.
El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad.
Salmo responsorial
Salmo 9(9A),8-9.10-11.12-13.
Pero el Señor reina para siempre
y establece su trono para el juicio.
él gobierna al mundo con justicia
y juzga con rectitud a las naciones.
El Señor es un baluarte para el oprimido,
un baluarte en los momentos de peligro.
¡Confíen en ti los que veneran tu Nombre,
porque tú no abandonas a los que te buscan!
Canten al Señor, que reina en Sión,
proclamen entre los pueblos sus proezas.
Porque él pide cuenta de la sangre,
se acuerda de los pobres y no olvida su clamor.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 17,14-20.
Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas,
le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua.
Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar".
Jesús respondió: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí".
Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado.
Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?".
"Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes".
Reflexión del día
Tres santas, copatronas de Europa
Europa está ya bajo la protección celestial de tres grandes santos: la de san Benito de Nursia, padre del monaquismo occidental, y también la de los dos hermanos Cirilo y Metodio, apóstoles de los Eslavos. A estos testigos eminentes de Cristo, he querido igualmente asociar otras tres figuras femeninas, para subrayar el gran papel que las mujeres han tenido, y siguen teniendo en la historia eclesial y civil del continente hasta nuestros días.
La Iglesia, desde sus principios, y aunque condicionada por las culturas en las que ha estado inserta, ha reconocido siempre la plena dignidad espiritual de la mujer, comenzando por la vocación y misión personal de María, la Madre del Redentor. Desde sus comienzos, los cristianos se han dirigido a estas mujeres, tales como Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia y Anastasia –tal como da testimonio el Canon romano- con un fervor no menor del que era reservado a los hombres santos.
Las tres santas escogidas como copatronas de Europa, están unidas con un vínculo especial con la historia del continente. Así, Edith Stein, que procedente de una familia judía abandonó su brillante carrera de buscadora para hacerse religiosa carmelita descalza, con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz, y murió en el campo de exterminio de Auschwitz. Es símbolo de las mujeres de la Europa de este siglo. En cuanto a Brígida de Suecia y Catalina de Siena, que vivieron las dos en el siglo XIV, trabajaron incansablemente por la Iglesia y se preocuparon por la suerte de ésta a nivel europeo...
Las tres expresan admirablemente la síntesis entre la contemplación y la acción. Sus vidas y sus obras dan un testimonio muy elocuente de la fuerza de Cristo resucitado, viviente en su Iglesia: la fuerza de un amor generoso por Dios y por el hombre, la fuerza de una auténtica renovación moral y civil. En estas nuevas patronas, tan ricas de dones tanto en el plan sobrenatural como humano, los cristianos y las comunidades eclesiales de cualquier confesión pueden encontrar en ellas su inspiración, y también los ciudadanos y los Estados europeos, con tal que estén sinceramente comprometidos en la búsqueda de la verdad y del bien común.
— San Juan Pablo II (1920-2005) Homilía en la apertura del sínodo de los obispos para Europa, 1•10•99
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Fuente: Evangelizo.org
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