Calendario litúrgico
Tuesday, 5 de August de 2008
Martes de la 18a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: Santa Afra Augsburgo
Primera lectura
Libro de Jeremías 30,1-2.12-15.18-22.
Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos:
Así habla el Señor, el Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que yo te he dirigido,
Porque así habla el Señor: ¡Tu herida es incurable, irremediable tu llaga!
Nadie defiende tu causa, no hay remedio para tu herida, tú ya no tienes cura.
Todos tus amantes te han olvidado, no se interesan por ti. Porque yo te he golpeado como golpea un enemigo, con un castigo cruel, a causa de tu gran iniquidad, porque tus pecados eran graves.
¿Por qué gritas a causa de tu herida, de tu dolor incurable? A causa de tu gran iniquidad, porque tus pecados eran graves, yo te hice todo esto.
Así habla el Señor: Sí, yo cambiaré la suerte de las carpas del Jacob y tendré compasión de sus moradas; la ciudad será reconstruida sobre sus escombros y el palacio se levantará en su debido lugar.
De allí saldrán cantos de alabanza y risas estridentes. Los multiplicaré y no disminuirán, los glorificaré y no serán menoscabados.
Sus hijos serán como en los tiempos antiguos, su comunidad será estable ante mí y yo castigaré a todos sus opresores.
Su jefe será uno de ellos y de en medio de ellos saldrá su soberano. Yo lo haré acercarse, y él avanzará hacia mí, porque si no, ¿quién se atrevería a avanzar hacia mí? -oráculo del Señor-
Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Salmo responsorial
Salmo 102(101),16-18.19-21.29.22-23.
Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria.
Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.
Los hijos de tus servidores tendrán una morada
y su descendencia estará segura ante ti,
para proclamar en Sión el nombre del Señor
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan los pueblos y los reinos,
y sirvan todos juntos al Señor.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 15,1-2.10-14.
Entonces, unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron:
"¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?".
Jesús llamó a la multitud y le dijo: "Escuchen y comprendan.
Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella".
Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: "¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?".
El les respondió: "Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz.
Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo".
Reflexión del día
«Son guías ciegos para los ciegos»
«Yo soy la luz del mundo; el que me sigua no caminará en la tinieblas» (Jn 8, 12). En efecto, el Señor deja claro quienes son los ciegos. Nosotros, hermanos míos, somos iluminados ya en esta vida por el colirio de la fe. El Señor comenzó mezclando su saliva con el barro de la tierra para extenderlo sobre los ojos del ciego de nacimiento (Jn 9, 6). También nosotros, hijos de Adán, somos ciegos de nacimiento y necesitamos que el Salvador nos ilumine. Mezcla su saliva con la tierra: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14)...
Nosotros le veremos cara a cara. «Ahora, dice el apóstol, mi conocer es por ahora inmaduro vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara» (1C 13,12). San Juan nos dice también en su carta: «Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es» (1Jn 3,2), Ahí tienes la gran promesa que se te ha hecho; si amas, síguele.
Le amo, me dirás, pero ¿cuál es el camino para seguirle?... ¿Me pides el camino que debes tomar? Escucha al Salvador y de lo dirá de una vez: «Yo soy el camino». Y ¿adónde lleva este camino? «Yo soy la verdad y la vida» (Jn 14,6)... No se te dice: esfuérzate a buscar el camino que conduce a la verdad y a la vida; no, no se te dice esto. ¡Levántate, perezoso! Es el camino en persona quien te sale al encuentro. Te despierta de tu sueño, y oyes su voz cuando te dice: «Levántate y anda» (Mt 9,5).
— San Agustín (354-430) Homilía sobre san Juan, nº 34
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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