Calendario litúrgico
Wednesday, 23 de July de 2008
Miércoles de la 16a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: Santa Brígida de Suecia
Primera lectura
Libro de Jeremías 1,1.4-10.
Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, uno de los sacerdotes de Anatot, en territorio de Benjamín.
La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
"Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones".
Yo respondí: "¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven".
El Señor me dijo: "No digas: 'Soy demasiado joven', porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene.
No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-".
El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: "Yo pongo mis palabras en tu boca.
Yo te establezco en este día sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y derribar, para perder y demoler, para edificar y plantar".
Salmo responsorial
Salmo 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15ab.17.
Yo me refugio en Ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.
Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!
Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.
Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 13,1-9.
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar.
Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
¡El que tenga oídos, que oiga!".
Reflexión del día
Contemplación de la pasión y la resurrección de Cristo
Bendito seas, Jesucristo mi Señor, que has predicho tu muerte antes de su hora; que en la última Cena, con pan material has consagrado maravillosamente tu cuerpo que nos rescata; que por amor lo has dado a los apóstoles en memoria de tu preciosísima Pasión; tú que, lavándoles los pies con tus santas y nobles manos, humildemente les has dado un modelo de humildad...
Alabanza eterna a ti, Jesucristo mi Señor, por esa hora en que, por nosotros pecadores, has sufrido en la cruz las más grandes amarguras y las angustias más extremas; porque los sufrimientos más agudos de tus llagas afectaron duramente a tu alma y atravesaron cruelmente tu sagrado corazón; finalmente, tu corazón no aguantó más y estalló, entregaste el espíritu e, inclinando la cabeza, te pusiste humildemente en manos de Dios, tu Padre, y entonces tu cuerpo conoció el frío de la muerte...
Bendito seas, Jesucristo mi Señor, que por nuestra salvación has permitido que tu costado y tu corazón fueran traspasados por la lanza, y has hecho brotar de tu costado oleadas de tu preciosa sangre para rescatarnos.
Gloria a ti, Jesucristo mi Señor, que por nuestra salvación has querido que tu bendito cuerpo sea bajado de la cruz por tus amigos y recostado en los brazos de tu madre dolorosa; y porque has permitido que lo envuelva con lienzos, sea depositado en el sepulcro y guardado por unos soldados.
Honor eterno a ti, Jesucristo mi Señor, que al tercer día has resucitado de entre los muertos; te has manifestado viviente a los testigos que te habías escogido, y después de cuarenta días, a la vista de todos has subido al cielo y has honrado a tus amigos que habías liberado de los infiernos.
Gozo y alabanza eterna a ti, Señor Jesucristo, que has enviado el Espíritu Santo al corazón de tus discípulos y has hecho crecer en ellos un amor infinito de Dios.
Bendito seas, digno de alabanza y gloria eterna, Jesús mi Señor, que en la gloria de tu divinidad te sientas en tu trono en el reino celestial, viviendo corporalmente con tus miembros santísimos que has recibido de la carne de la Virgen. Así es como vendrás el día del juicio para juzgar las almas de todos, vivos y muertos. Tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
— Santa Brígida de Suecia (c. 1303-1373) Oración atribuida a santa Brígida
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