Calendario litúrgico
Friday, 13 de June de 2008
Viernes de la 10a semana del Tiempo Ordinario Ciclo A · Año II
Santo del día: San Antonio de Padua
Primera lectura
Primer Libro de los Reyes 19,9.11-16.
Allí, entró en la gruta y pasó la noche. Entonces le fue dirigida la palabra del Señor.
El Señor le dijo: "Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor". Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto.
Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.
Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué haces aquí, Elías?".
El respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida".
El Señor le dijo: "Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando llegues, ungirás a Jazael como rey de Arám.
A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti."
Salmo responsorial
Salmo 27(26),7-8a.8b-9abc.13-14.
¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
“Busquen mi rostro”
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 5,27-32.
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.
Reflexión del día
«Ya no os llamo siervos, sino amigos» (Jn 15,15)
La Ley fue promulgada primeramente para esclavos, a fin de educar al alma a través de las cosas exteriores y corporales, conduciéndola, en cierta manera, como con una cadena hacia la docilidad a los mandamientos, para que el hombre aprendiera a obedecer a Dios. Pero el Verbo de Dios liberó al alma; le enseño, de manera voluntaria, a purificar libremente también el cuerpo. Desde entonces era necesario hacer saltar las cadenas de la servidumbre gracias a las cuales el hombre se había podido formar y en adelante sirviera a Dios sin cadenas. Pero al mismo tiempo que se comprendían los preceptos de la libertad, era preciso reforzar la sumisión al Rey, para que nadie no se hiciera atrás y se mostrara indigno de su Libertador...
Por eso el Señor nos dio por contraseña, en lugar de no cometer adulterio, incluso no codiciar; en lugar de no matar, ni tan sólo ponernos coléricos; en lugar de simplemente pagar el diezmo, distribuir todos los bienes a los pobres; amar no solamente a nuestros prójimos, sino también a nuestros enemigos; no tan sólo ser «generosos y prontos a compartir» (1Tm 6,18), sino más aún, dar gratuitamente nuestros bienes a los que nos los quitan...
Nuestro Señor, pues, la Palabra de Dios, primero comprometió a los hombres a una servidumbre para con Dios y después liberó a los que le estaban sometidos. Como él mismo lo dice a sus discípulos: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15)... Haciendo de sus discípulos los amigos de Dios, nos muestra claramente que él es el Verbo, la Palabra de Dios. Porque es por haber seguido su llamada espontáneamente y sin cadenas, en la generosidad de su fe, que Abraham llegó a ser «amigo de Dios» (St 2,23; Is 41,8).
— San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208) Contra las herejías, IV, 13, 2-4
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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