Calendario litúrgico
domingo, 1 de junio de 2008
Ciclo A · Año II
Santo del día: San Aníbal María Di Francia
Primera lectura
Deuteronomio 11,18.26-28.32.
Graben estas palabras en lo más íntimo de su corazón. Atenlas a sus manos como un signo, y que sean como una marca sobre su frente.
Yo pongo hoy delante de ustedes una bendición y una maldición.
Bendición, si obedecen los mandamientos del Señor, su Dios, que hoy les impongo.
Maldición, si desobedecen esos mandamientos y se apartan del camino que yo les señalo, para ir detrás de dioses extraños, que ustedes no han conocido.
cumplan fielmente todos los preceptos y leyes que hoy les impongo.
Salmo responsorial
Salmo 31(30),2-3.4.17.25.
Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
Inclina tu oído hacia mí, date prisa en liberarme. Sé para mí una roca de refugio, el recinto amurallado que me salve.
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
Sean fuertes y valerosos,
todos los que esperan en el Señor.
Segunda lectura
Carta de San Pablo a los Romanos 3,21-25.28.
Pero ahora, sin la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas:
la justicia de Dios, por la fe en Jesucristo, para todos los que creen. Porque no hay ninguna distinción:
todos han pecado y están privados de la gloria de Dios,
pero son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención cumplida en Cristo Jesús.
El fue puesto por Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, gracias a la fe. De esa manera, Dios ha querido mostrar su justicia:
Porque nosotros estimamos que el hombre es justificando por la fe, sin las obras de la Ley.
Evangelio
Evangelio según San Mateo 7,21-27.
Jesús dijo a sus discípulos:
"No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?'.
Entonces yo les manifestaré: 'Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal'.
Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca.
Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena.
Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande".
Reflexión del día
«Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo» (1C 3,11)
Un rey no reside en una casa vacía de todo; de ninguna manera habitará en ella. Sino que se necesita una buena ornamentación para la casa del rey, de modo que no falte nada en ella... Así ocurre también en el hombre que se convierte en una casa para que resida en ella Cristo, el Mesías: provee todo lo que conviene para el servicio del Mesías que reside en ella, todas las cosas que le placen.
En efecto, primero de todo: construye su edificio sobre piedra, es decir, sobre el mismo Mesías. Sobre esta piedra pone la fe, y sobre la fe se levanta todo el edificio. Para que la casa llegue a ser su residencia, se le pide el ayuno puro, establecido sobre la fe. Se le pide la oración pura, recibida en fe. Se necesita el amor, crecido sobre la fe. Precisa también las limosnas, dadas con fe. Se le pide la humildad, amada por la fe. Que escoja para sí mismo la virginidad, querida por fe. Que lleve consigo la santidad, plantada sobre la fe. Que también medite la sabiduría, encontrada en la fe. Que también pida para sí la condición de extranjero, provechosa para la fe. Precisará también de la simplicidad, mezclada con la fe. Que pida también la paciencia, llevada a término por la fe. Que se vuelva perspicaz por la dulzura, adquirida por la fe. Que ame la penitencia, que aparece con la fe. Que pida también la pureza, guardada por la fe... Estas son las obras necesarias para el rey Mesías que habita en los hombres que se edifican con tales obras. En efecto, la fe está compuesta de muchas cosas y se adorna de muchos colores, porque es semejante a un edificio construido con múltiples materiales y su edificio se levanta hasta lo alto...
Así es nuestra fe: su fundamento es la piedra verdadera, nuestro Señor Jesucristo, el Mesías... Este fundamento es la base de todo el edificio. Si alguno llega a la fe, está sólidamente edificado sobre esta roca, es decir, nuestro Señor Jesucristo, el Mesías. Y su edificio no se verá quebrantado por las olas, ni estropeado por el viento, ni la tempestad lo derrumbará, porque este edificio se levanta sobre la roca, el verdadero fundamento.
— Afraates (¿-c. 345) Las Disertaciones, nº 1
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Fuente: Evangelizo.org