Calendario litúrgico
domingo, 11 de mayo de 2008
Pentecostés Ciclo A · Año II
Santo del día: Beato Mamerto Esquiú
Primera lectura
Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11.
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.
Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.
Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?
¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?
Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor,
en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,
judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".
Salmo responsorial
Salmo 104(103),1ab.24ac.29bc-30.31.34.
¡Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
¡Qué variadas son tus obras, Señor!
la tierra está llena de tus criaturas!
Si les quitas el aliento,
expiran y vuelven al polvo.
Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra.
¡Gloria al Señor para siempre,
alégrese el Señor por sus obras!
que mi canto le sea agradable,
y yo me alegraré en el Señor.
Segunda lectura
Carta I de San Pablo a los Corintios 12,3b-7.12-13.
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu.
Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor.
Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.
En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo.
Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
Evangelio
Evangelio según San Juan 20,19-23.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Reflexión del día
«Cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua» (Hch 2,11)
El día de Pentecostés revela la catolicidad de la Iglesia, su universalidad. El Espíritu Santo manifiesta su presencia por medio del don de lenguas. Renueva así, pero a la inversa, el acontecimiento de Babel (Gn 11), esta expresión del orgullo de los hombres que quieren llegar a ser como Dios y construir por sus propias fuerzas, es decir, sin Dios, un puente hasta el cielo, la torre de Babel. Este orgullo es el que provoca las divisiones en el mundo y levanta muros de separación. A causa del orgullo el hombre reconoce tan sólo su propia inteligencia, su propia voluntad, su propio corazón; por esta realidad, no es ya capaz ni de comprender el lenguaje de los demás, ni de escuchar la voz de Dios.
El Espíritu Santo, el amor divino, comprende y hace comprender todos los lenguajes; crea unidad en la diversidad. Así, desde su primer día, la Iglesia habla en todas las lenguas. Ya de entrada, es católica, universal. Hay un puente entre el cielo y la tierra: la cruz es este puente, y es el amor del Señor el que ha construido este puente. La construcción de este puente sobrepasa las posibilidades de la técnica. La aspiración de Babel debía y debe fracasar; sólo el amor encarnado de Dios puede responder a semejante aspiración...
La Iglesia es católica desde el primer instante de su existencia: abraza a todas las lenguas. El signo de las lenguas expresa un aspecto muy importante de una eclesiología fiel a la Escritura: la Iglesia universal precede a las Iglesias particulares, la unidad es anterior a las partes. La Iglesia universal no es una fusión secundaria de las Iglesias locales; es la Iglesia universal católica, la que engendra a las Iglesias particulares, y éstas no pueden permanecer Iglesias si no es en comunión con la catolicidad. Por otra parte, la catolicidad exige la multiplicidad de lenguas, la puesta en común, la armonización de las riquezas de la humanidad en el amor del Crucificado.
— Cardenal José Ratzinger [Benedicto XVI Retiro en el Vaticano, 1983
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Fuente: Evangelizo.org
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