Calendario litúrgico
lunes, 14 de abril de 2008
Lunes de la 4a semana de Pascua Ciclo A · Año II
Santo del día: San Valeriano Martir
Primera lectura
Libro de los Hechos de los Apóstoles 11,1-18.
En aquellos días:
Los Apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la Palabra de Dios.
Y cuando Pedro regresó a Jerusalén, los creyentes de origen judío lo interpelaron,
diciéndole: "¿Cómo entraste en la casa de gente no judía y comiste con ellos?".
Pedro comenzó a contarles detalladamente lo que había sucedido:
"Yo estaba orando en la ciudad de Jope, cuando caí en éxtasis y tuve una visión. Vi que bajaba del cielo algo parecido a un gran mantel, sostenido de sus cuatro puntas, que vino hasta mí.
Lo miré atentamente y vi que había en él cuadrúpedos, animales salvajes, reptiles y aves.
Y oí una voz que me dijo: 'Vamos, Pedro, mata y come'.
'De ninguna manera, Señor, respondí, yo nunca he comido nada manchado ni impuro'.
Por segunda voz, oí la voz del cielo que me dijo: "No consideres manchado lo que Dios purificó".
Esto se repitió tres veces, y luego, todo fue llevado otra vez al cielo.
En ese momento, se presentaron en la casa donde estábamos tres hombres que habían sido enviados desde Cesarea para buscarme.
El Espíritu Santo me ordenó que fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron también los seis hermanos aquí presentes y llegamos a la casa de aquel hombre.
Este nos contó en qué forma se le había aparecido un ángel, diciéndole: 'Envía a alguien a Jope, a buscar a Simón, llamado Pedro.
El te anunciará un mensaje de salvación para ti y para toda tu familia'.
Apenas comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, como lo hizo al principio sobre nosotros.
Me acordé entonces de la palabra del Señor: 'Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo'.
Por lo tanto, si Dios les dio a ellos la misma gracia que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿cómo podía yo oponerme a Dios?".
Después de escuchar estas palabras se tranquilizaron y alabaron a Dios, diciendo: "También a los paganos Dios les ha concedido el don de la conversión que conduce a la Vida".
Salmo responsorial
Salmo 42(41),2-3.43(42),3.4.
Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios?
Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas.
Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío.
Evangelio
Evangelio según San Juan 10,11-18.
Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.
El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.
Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí
-como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.
Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre".
Reflexión del día
“Doy mi vida por las ovejas”
En el antiguo Oriente, era costumbre que los reyes se designaran ellos mismos como los pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen cínica: los pueblos eran para ellos como ovejas, de las que el pastor podía disponer a su placer. Mientras que el pastor de todos los hombres, el Dios vivo, él mismo se hizo cordero; se puso del lado de los corderos, de los que son menospreciados y muertos. Es así, precisamente, que se revela como el verdadero pastor: “Yo soy el buen pastor… y doy mi vida por mis ovejas”.
No es el poder el que rescata, ¡sino el amor! Esta es la señal de Dios: él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que se mostrara más fuerte! ¿Qué golpee duramente, que derribe al mal y que cree un mundo mejor! Todas las ideologías de poder se justifican así; justifican la destrucción de lo que se opone al progreso y a al liberación de la humanidad. Sufrimos por la paciencia que Dios tiene, y sin embargo, todos tenemos necesidad de su paciencia. El Dios que se hizo cordero nos dice que el mundo ha sido salvado por el Crucificado y no por aquellos que han crucificado. El mundo ha sido rescatado por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres.
— Benedicto XVI Homilía en la Misa inaugural de su pontificado, 24•04•05
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Fuente: Evangelizo.org
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