Calendario litúrgico
Tuesday, 4 de December de 2007
Martes de la 1a semana de Adviento Ciclo A · Año II
Santo del día: San Juan Damasceno
Primera lectura
Libro de Isaías 11,1-10.
En aquel día, saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces.
Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor
-y lo inspirará el temor del Señor-. El no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir:
juzgará con justicia a los débiles y decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.
La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas.
El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá;
la vaca y la osa vivirán en companía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey.
El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora, meterá la mano el niño apenas destetado.
No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones la buscarán y la gloria será su morada.
Salmo responsorial
Salmo 72(71),2.7-8.12-13.17.
Para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud.
Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz, mientras dure la luna;
que domine de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra.
Porque él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.
Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes.
Que perdure su nombre para siempre
y su linaje permanezca como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos
y todas las naciones lo proclamen feliz.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 10,21-24.
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo:
"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!".
Reflexión del día
“Muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis”
A menudo pienso en el ardiente deseo que hacía suspirar a los patriarcas acerca de la encarnación de Cristo. Y ello me hace experimentar una profunda confusión… ¿No es que la tibieza de nuestro propio deseo es muy grande? ¿A cuál de entre nosotros la manifestación de la gracia inspira un gozo tan vivo como el deseo que alumbraba el corazón de nuestros padres santos? Sin duda seréis muchos los que os alegraréis de este nacimiento que ya muy pronto vamos a celebrar; sí, ¡Dios quiera que nuestro gozo sea causado por la Natividad del Señor y no por la vanidad!
Estos hombres, animados por la fuerza del Espíritu, habían sentido en su espíritu cuán grande sería la gracia que se derramaría en los labios de Aquel que esperaban (Sl 45,3). También ellos dicen, salido de su corazón: “¡Que me bese con un beso de su boca!” (Ct 1,2) deseando con todas sus fuerzas no verse privados de una dulzura tal… Los mejores dicen: “¿De que me sirven las bocas elocuentes de los profetas? No quiero oír más a Moisés, con la dificultad de su lengua, ni a Isaías, cuyos labios son impuros, ni a Jeremías que confiesa no saber hablar… Sino que éste, sí, éste de quien nos hablan, nos hable ya él mismo; que no nos hable más en ellos o a través de ellos, sino que su presencia graciosa, su doctrina admirable sean para mi una fuente que manen vida eterna.” Porque mientras ellos anunciaban la paz, mientras el autor de la paz tardaba en venir, la fe del pueblo tambaleaba; y nadie podía salvarlos. También los hombres estaban indignados de tanto retraso, de que el Príncipe de la paz, tantas veces anunciado, no llegara todavía, según lo había dicho por boca de sus santos profetas, desde los tiempos más antiguos… Reclamaban un signo de reconciliación como se les había prometido, respondiendo así a los mensajeros de la paz: “¿Hasta cuando tendrás inquieta nuestra alma, esperando tu paz?”.
— San Bernardo (1091-1153) Sermón sobre la Encarnación de Cristo, Misterio de Navidad
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Fuente: Evangelizo.org
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