Calendario litúrgico
Sunday, 18 de November de 2007
33er domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año I
Santo del día: Mártires Salesas
Primera lectura
Libro de Malaquías 3,19-20.
Porque llega el Día, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el Día que llega los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles raíz ni rama.
Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos, y saldrán brincando como terneros bien alimentados.
Salmo responsorial
Salmo 98(97),5-6.7-8.9.
Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.
Resuene el mar y todo lo que hay en él,
el mundo y todos sus habitantes;
aplaudan las corrientes del océano,
griten de gozo las montañas al unísono.
Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con rectitud.
Segunda lectura
Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 3,7-12.
Porque ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes,
y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes.
Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar.
En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma.
Ahora, sin embargo, nos enteramos de que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo.
A estos les mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse su pan.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 21,5-19.
Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo."
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»
Reflexión del día
“Será para vosotros la ocasión de dar testimonio”
La experiencia de los mártires y de los testigos de la fe no es una característica propia de la Iglesia primitiva, sino que es el distintivo de cada período de su historia. A lo largo del siglo XX, quizá más aún que en los primeros tiempos del cristianismo, han sido numerosas las personas que han dado testimonio de su fe en medio de sufrimientos a menudo heroicos. ¡Cuántos cristianos, en los distintos continentes, en el curso del siglo XX, han llegado a derramar su sangre por ser fieles a Cristo! Han padecido formas de persecución antiguas y modernas, han hecho la experiencia del odio y de la exclusión, de la violencia y del asesinato. Numerosos países de tradición cristiana antigua se convirtieron en lugares donde se pagaba caro el mantenerse fiel al evangelio. En nuestro siglo, el testimonio de Cristo hasta derramar la sangre ha llegado a ser un patrimonio común a los católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes. (cf Tertio millennio adveniente, 37)...
En mi juventud, yo mismo había sido testimonio de mucho sufrimiento y de muchas pruebas. “Mi sacerdocio, desde los inicios, está relacionado con los grandes sacrificios de muchos hombres y mujeres de mi generación.” (Mi vocación, don y misterio.) La experiencia de la Segunda Guerra Mundial y de los años que la siguieron me han llevado a considerar con atención llena de gratitud el ejemplo luminoso de aquellos y aquellas que, desde el principio hasta el final del siglo XX, han sufrido la persecución, la violencia y la muerte a causa de su fe y a causa de su comportamiento inspirado en la verdad de Cristo.
¡Son tan numerosos! ¡Su recuerdo no se puede perder en el olvido!
— San Juan Pablo II (1920-2005) Homilía en la conmemoración ecuménica de los testigos de la fe del siglo XX, 7 de mayo 2000
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Fuente: Evangelizo.org
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