Calendario litúrgico
viernes, 26 de octubre de 2007
Viernes de la 29a semana del Tiempo Ordinario Ciclo C · Año I
Santo del día: San Jose Gregorio Hernandez Cisneros
Primera lectura
Carta de San Pablo a los Romanos 7,18-25a.
porque sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne. En efecto, el deseo de hacer el bien está a mi alcance, pero no el realizarlo.
Y así, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.
Pero cuando hago lo que no quiero, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que reside en mí.
De esa manera, vengo a descubrir esta ley: queriendo hacer el bien, se me presenta el mal.
Porque de acuerdo con el hombre interior, me complazco en la Ley de Dios,
pero observo que hay en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón y me ata a la ley del pecado que está en mis miembros.
¡Ay de mí! ¿Quién podrá librarme de este cuerpo que me lleva a la muerte?
¡Gracias a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En una palabra, con mi razón sirvo a la Ley de Dios, pero con mi carne sirvo a la ley del pecado.
Salmo responsorial
Salmo 119(118),66.68.76.77.93.94.
Enséñame la discreción y la sabiduría,
porque confío en tus mandamientos.
Tú eres bueno y haces el bien:
enséñame tus mandamientos.
Que tu misericordia me consuele,
de acuerdo con la promesa que me hiciste.
Que llegue hasta mí tu compasión, y viviré,
porque tu ley es toda mi alegría.
Nunca me olvidaré de tus preceptos:
por medio de ellos, me has dado la vida.
Sálvame, porque yo te pertenezco
y busco tus preceptos.
Evangelio
Evangelio según San Lucas 12,54-59.
Jesús dijo a la multitud:
"Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede.
Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?
¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?
Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo."
Reflexión del día
Saber juzgar los signos de los tiempos
En un contexto de pluralismo cultural y religioso remarcable, tal como se prevé en la sociedad del nuevo milenio, es importante el diálogo interreligioso para asegurar las condiciones de paz y alejar el espectro espantoso de las guerras de religión que han ensangrentado tantos períodos de la historia humana. El nombre del Dios único debe llegar a ser cada vez más eso que es, un nombre de paz y un imperativo de paz.
Pero este diálogo no se puede fundar sobre el indiferentismo religioso, y los cristianos tenemos el deber de desarrollarlo ofreciendo el testimonio lleno de esperanza que poseemos (1P 3,15)… Pero nuestro deber misionero de anunciar a Cristo no nos impide entrar en el diálogo con el corazón profundamente abierto a la escucha. En efecto, sabemos que frente al misterio de la gracia, infinitamente rico en dimensiones e implicaciones para la vida y la historia del hombre, la Iglesia misma no acabará nunca de profundizar en su búsqueda, apoyándose en la asistencia del Paráclito, el Espíritu de la verdad (Jn 14,17) que ha de conducirla, precisamente, a la plenitud de la verdad (Jn 16,3).
Este principio está en la base, no sólo de la inagotable profundización teológica de la verdad cristiana, sino también del diálogo cristiano con las filosofías, las culturas, las religiones. A menudo, el Espíritu de Dios, que “sopla donde quiere” (Jn 3,8), suscita en la experiencia humana universal, a pesar de las numerosas contradicciones de ésta última, signos de su presencia que ayudan a los mismos discípulos de Cristo a comprender de manera más profunda el mensaje del que son portadores. ¿No es, acaso, con esta actitud de apertura humilde y confiada que el Concilio Vaticano II se comprometió a “leer los signos de los tiempos”? (Gaudium et spes, §4). Entregándose cuidadosamente a un discernimiento atento para recoger los “signos verdaderos de la presencia o del designio de Dios” (§11), la Iglesia reconoce que, no solamente ha dado, sino que “ha recibido de la historia y de la evolución del género humano” (§44). También el Concilio invita a adoptar, en la relación con las demás religiones, esta actitud de apertura y, al mismo tiempo, de discernimiento atento.
— San Juan Pablo II (1920-2005) Carta apostólica Novo millenio ineunte, 6-01-2001, § 55-56
Homilías de los papas
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Fuente: Evangelizo.org
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