Calendario litúrgico
sábado, 15 de septiembre de 2007
Bienaventurada Virgen María de los Dolores Ciclo C · Año I
Santo del día: Santa Catalina Fieschi
Primera lectura
Carta a los Hebreos 5,7-9.
Hermanos:
Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión.
Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer.
De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,
Salmo responsorial
Salmo 31(30),2-3a.3bc-4.5-6.15-16.20.
Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.
Sé para mí una roca protectora,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen.
¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.
Evangelio
Evangelio según San Juan 19,25-27.
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".
Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Reflexión del día
“Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”
Si no llegamos a la plenitud el amor de la Madre de Dios, es porque tampoco podemos comprender plenamente su dolor. Su amor era perfecto. Ella amaba inmensamente a su Dios y a su hijo, pero amaba igualmente con un gran amor a todos los hombres. Y ¿qué es lo que ella no ha soportado cuando esos hombres, a quien tanto amaba y para quienes deseba a más no poder la salvación, han crucificado a su hijo muy amado?
No lo podemos comprender, porque nuestro amor a Dios y a los hombres es demasiado débil. De la misma manera que el amor de la Madre de Dios es sin medida y sobrepasa nuestra comprensión, así también su dolor es inmenso e impenetrable para nosotros.
— Siluan (1886-1938) Escritos
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Fuente: Evangelizo.org
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